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La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 1390

Mathieu soltó una risa baja.

—Antes sentía que eras tú, pero no estaba cien por ciento seguro.

—¿Eh? —Andrea ladeó la cabeza, confundida—. ¿Qué quieres decir con eso?

Mathieu la miró de reojo, entre divertido y serio.

—Ya que te lo prometí, era obvio que tenía que esperarte.

Al escuchar esas palabras, la cara de Andrea se puso roja de inmediato, como si acabara de salir corriendo bajo el sol.

—Entonces… Si antes no estabas seguro, ¿por qué te acercaste a mí? —preguntó, medio apenada, medio intrigada.

—¡Porque sentía que eras tú! —respondió Mathieu, casi con obstinación.

Esa sensación era tan intensa que no podía ignorarla.

Por eso, cuando Céline le sugirió acercarse a Andrea, él no solo aceptó sino que en el fondo siempre estuvo buscando confirmar que era ella.

—¿De veras es así? —Andrea frunció los labios, dudosa, pero en el fondo su corazón latía más rápido.

Mathieu asintió.

—Esa intuición me golpeó fuerte, ¿sabes? A veces los hombres tenemos ese tipo de corazonadas que no podemos explicar.

Justo cuando Andrea iba a contestar, el timbre de la puerta sonó, interrumpiendo el momento.

—Ya llegó alguien —dijo, incorporándose.

—Debe ser el repartidor —comentó Mathieu, soltándola con suavidad antes de ir a abrir la puerta.

Andrea se quedó mirando su figura mientras se alejaba. Mathieu tenía ese aire intelectual y educado, siempre vestido de forma impecable. Y, sin embargo, con él uno se sentía protegido, como si nada malo pudiera pasar estando a su lado.

Había aprendido en este tiempo que detrás de su cara amable podía haber una determinación capaz de asustar a cualquiera. Y ese detalle del arma siempre en la cintura… era una señal de que no era tan inocente como aparentaba.

...

La cena de tamales fue… toda una experiencia.

Cuando Andrea vio los tamales que Mathieu había preparado, se quedó pasmada.

—No puede ser —murmuró, mirando los bultitos de masa, todos distintos y algunos casi irreconocibles.

Mathieu también se quedó viendo su “obra” con cara de desconcierto.

—Parece que los ojos me entendieron, pero las manos no —medio bromeó.

Ningún tamal tenía el mismo tamaño ni la misma forma. Algunos parecían a punto de desmoronarse.

Andrea se encogió de hombros.

—No te preocupes, mientras sepan igual, da lo mismo la forma.

Para ella, lo importante del tamal era el sabor, no el aspecto.

Mathieu soltó una carcajada.

—Ya verás, prueba uno y me dices.

Capítulo 1390 1

Capítulo 1390 2

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