No importaba cuánto se enfureciera Fabio.
Al final, terminaron bloqueados de regreso en Irlanda, y él sentía que le iba a estallar el pecho de puro coraje.
La expresión de Lavinia era peor aún. Desde que supo que no podían salir de Irlanda, su ánimo se desmoronó por completo.
—¿Entonces ya estamos de vuelta en Irlanda, cierto? —preguntó, con voz temblorosa.
El copiloto asintió con la cabeza.
La cara de Lavinia, que ya lucía mal, se volvió aún más sombría.
—Hermano, yo no quiero estar en este país, ¡quiero irme, quiero regresar ya!
Antes, ella estaba empeñada en venir a buscarle problemas a Andrea; ahora, lo único que deseaba era salir de ahí cuanto antes.
Fabio, con el ceño fruncido, miró al copiloto.
—¿No hay otra ruta?
—Sí la hay, pero como no la solicitamos antes, ahora hay que regresar al aeropuerto primero.
El tema de las rutas aéreas, especialmente en vuelos largos, no es algo que se pueda cambiar así nada más.
Y menos tratándose de un vuelo privado; para despegar, hay que pedir la ruta con anticipación.
Al escuchar que tenían que regresar al aeropuerto de la capital irlandesa, Lavinia se puso más nerviosa.
—¡No, no podemos volver!
Lo último que quería era regresar a ese lugar. Sabía perfectamente que, si lo hacía, ahí sí se acababa todo para ella.
Fabio le lanzó una mirada dura al copiloto.
—¿Es forzoso regresar primero?
El copiloto asintió.
—Así es.
Fabio masculló entre dientes, con una furia contenida:
—¿Qué demonios le pasa a Bastien? Él me juró que lograríamos regresar a Puerto San Rafael.
Le había dado todo tipo de favores, incluso toda la Villa Monte Carmelo había pasado a manos de Bastien.
¿Y ahora le salían con que estaban bloqueados en Irlanda otra vez?
¿A esto le llamaban cumplir?
El copiloto murmuró algunas palabras más, repitiendo que no había opción, que tenían que volver al aeropuerto de la capital, y después regresó a la cabina.
Fabio sentía la cara tensa de la rabia.
Se volvió hacia Lucio, que no había abierto la boca en todo el tiempo.
—¿Tienes alguna idea?
Lucio negó con la cabeza.
—Así como están las cosas, no hay nada que hacer.
Ahí, en pleno vuelo, ¿qué solución podía haber?


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