Al otro lado de la línea, Vanesa, después de escuchar toda la historia de boca de Mathieu, se quedó pasmada un buen rato.
Para ser exactos, se quedó en shock.
Hablando de patanes…
Aunque el tipo era atractivo y de piel clara, Céline… ¡ella no parecía el tipo de mujer a la que un hombre se atrevería a engañar! Más que nada porque no se atreverían… Si de verdad hubieran formalizado su relación, él no se habría arriesgado a engañarla. Esa era la certeza que Vanesa, su archienemiga de tantos años, tenía.
—¿Estás seguro de que Mateo Hernández engañó a Céline?
—Segurísimo. Por eso te pido que le llames y la convenzas, princesa Vanesa, te lo ruego.
Aunque Mathieu siempre había sido un bocazas, en realidad nunca le había rogado a nadie. Esta era la primera vez, ¡y era por su hermana! Con el enorme conflicto que la familia Lambert tenía ahora con Fabio, le preocupaba de verdad que a Céline le pasara algo si iba a Puerto San Rafael.
—Está bien, de acuerdo —aceptó Vanesa.
Pensar en Puerto San Rafael no le traía buenos recuerdos. Vaya lugar, donde una madre negaba a su propia hija y trataba a una adoptada como a un tesoro. Un lugar que había hecho sufrir a su Isa durante tres años.
Colgó el teléfono y de inmediato le marcó a Céline, que ya iba de camino al aeropuerto.
Apenas contestó, se escuchó la voz furiosa de Céline.
—¿Qué quieres?
—Tu hermano dice que vas a acabar con Mateo.
—¡Así es!
—Él… ¿de verdad te engañó?
—¿Puedes callarte de una vez?
Ahora, cada vez que escuchaba la palabra "engañar", a Céline se le subía la sangre a la cabeza. ¿Era eso algo que haría una persona decente? Era simplemente…
—Ejem, bueno, cuando lo vi acercándose a ti, te dije que esos tipos carilindos siempre traen problemas.
—Tú…
—Piénsalo, es alto y guapo, ¿por qué se fijaría en una chica de piel oscura como tú?

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