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La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 1450

—Está bien, está bien, no me llames así. Yo te ayudo.

—¿De verdad?

—De verdad. ¿Qué te parece si hasta te ayudo a acabar con él?

—¡No hace falta que lo mates!

A alguien como él, prefería encargarse personalmente.

—Entonces, ¿regresas a París?

—¿Mañana mismo estará aquí?

—¡Mañana mismo! —aseguró Vanesa.

Al escucharla tan convencida, Céline no pudo evitar dudar.

—¡Te doy mi palabra!

—Promételo.

—Está bien, lo prometo.

La seguridad con la que Vanesa lo prometió, sin un ápice de duda, hizo que Céline se sintiera aún más inquieta.

Colgó el teléfono y Vanesa se quedó de nuevo en shock por un buen rato. Cuando Isabel Allende bajó, la encontró sentada en el sofá, con la mirada perdida.

—¿En qué piensas? —le preguntó Isabel.

—Ahorita no cargues al bebé.

Dicho esto, intentó tomar al niño de los brazos de Isabel.

—Pero ya no me duele la panza.

—Aun así, no puedes. Tienes que cuidarte mucho ahora.

La cuarentena no era cuestión de si dolía o no.

Isabel se sentó a su lado. Vanesa miraba al adorable bebé que tenía en brazos. Era un niño…

—¿Mi hermano todavía no le ha puesto nombre?

¿Sería porque pasaba todo el día con Isa y no tenía tiempo, o de verdad no se le ocurría nada? Solo eran tres nombres, ¿tan difícil podía ser?

—De verdad no se le ocurre nada —respondió Isabel.

¿Qué?

—¿Te lo puedes creer? ¡Alguien se atrevió a engañar a Céline!

Realmente admiraba el valor de Mateo. Era un verdadero valiente, había hecho lo que nadie en todo París se atrevía a hacer.

Isabel no salía de su asombro.

¡Vaya, quién lo diría! Era tan inesperado como cuando Yeray se había acostado con Vanesa; en ese momento, nadie pensó que se atrevería. La propia Vanesa estaba convencida de que Yeray sería incapaz, por lo que descartó que fuera él. Y por esa falsa impresión, casi mata a golpes a Dan.

—¿Qué se le habrá metido en la cabeza a ese Mateo? ¡Engañar a Céline!

Si hubiera sido un capricho unilateral de Céline, vaya y pase. Pero en su momento, Mateo también había mostrado interés por ella. ¿Y ahora la engañaba? ¡Eso significaba que debía estar preparado para que Céline le quitara la vida!

—Seguro que ya se cansó de vivir —comentó Isabel.

Vanesa asintió.

—Sí, definitivamente se cansó de vivir.

Aparte de esa, no encontraba ninguna otra explicación.

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