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La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 1564

—Tú espérame, ahora mismo regreso para ayudarte a quitártelo de encima —dijo Vanesa.

Sobre todo, el asunto tenía que resolverse antes de que Esteban se enterara.

—Ya mandé que lo sacaran. Tú espéralo en el camino y ya —le dijo Isabel.

—¿Quieres que lo intercepte en el camino?

—Ajá.

Vanesa se quedó en silencio un momento.

Al escuchar las palabras de Isabel, entendió al instante lo calculadora que se había vuelto su hermanita.

Ahora se daba cuenta de que Guillaume tenía esas intenciones con ella.

Y no solo no se enredaba con él, sino que, además, ¿quería que alguien lo golpeara en el camino?

Uhm…

Tenía que admitir que el método era bastante bueno.

Porque si hacían eso, cualquier interés que Guillaume tuviera en Isa se desvanecería.

Sintió algo, no fue correspondido, y para colmo, ¿le daban una paliza de camino a casa?

Aunque era un poco cruel.

Vanesa estaba de acuerdo.

—De acuerdo, no te preocupes, déjaselo a tu hermana. Yo me encargo de él por ti.

Isabel respondió con un «ok» y colgó.

Vanesa escuchó el tono de la llamada finalizada, con el corazón todavía latiéndole con fuerza.

«Cielos, ese viaje a Puerto San Rafael sí que la curtió. Se ha vuelto un poco ruda».

—¿Quiere que contrates gente para golpear a Guillaume? —preguntó Yeray.

Tratar de esa manera a alguien que tenía sentimientos por ella… Había que admitir que el corazón de Isabel no era precisamente piadoso.

En ese momento, Yeray casi podía ver la palabra «despiadada» escrita en la frente de Isabel.

Vanesa le echó una mirada y supo exactamente lo que estaba pensando.

Soltó un bufido.

—No digas eso, el método de la niña es bastante bueno. Si le dan una buena paliza, Guillaume la dejará en paz de una vez por todas. Si no lo hacen bien, hasta podría seguir molestándola.

—Espera, cuando estaba en Puerto San Rafael, ¿no fue así como golpeó a Sebastián Bernard?

Yeray se quedó callado.

Si se trataba de Sebastián…

—¿Qué tanto quieres ver? ¿Acaso es más guapo que yo?

Vanesa se quedó sin palabras.

No, pero esto…

Ya le había dicho que buscaba a Isabel, que tenía interés en Isa.

¿Cómo era posible que se pusiera celoso por esto?

—Está bien, está bien, tú arréglalo.

Frente a un hombre tan celoso, Vanesa no tenía más remedio que ceder.

Lo importante era que se diera prisa y mandara a alguien a interceptar a Guillaume.

En el asunto de golpear a Guillaume, Yeray, por supuesto, puso todo su «empeño y dedicación» en la tarea.

Vanesa había pedido «unos cuantos» hombres.

Yeray, en cambio, mandó a más de quince, ¡con la intención de darle a Guillaume una lección que no olvidara!

Hacía tiempo que le traía ganas a ese tipo.

***

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