Guillaume no quería irse de la casa de la familia Allende.
Insistía en que tenía que ver a Isabel, pero no solo no la vio, sino que además lo echaron de una manera muy poco cortés.
Eso dejó a Guillaume pasmado de la rabia.
Inmediatamente, llamó a Isabel.
Como era un número desconocido, Isabel no supo que era él y contestó.
—Bueno.
—Isa, estás siendo un poco cruel, ¿así es como tratas a un invitado? —dijo Guillaume.
—Si no te gusta el trato, la próxima vez no vengas a la casa de la familia Allende. Parece que ser invitado aquí no te sienta nada bien.
Guillaume se quedó mudo.
¡Vaya que no le sentaba bien!
Lo acababan de sacar a golpes.
—No, en serio, ¿por qué no quieres verme?
—¿Y por qué debería verte? ¿Tú y yo tenemos algo que ver?
Guillaume no supo qué responder.
Si de tener algo que ver se trataba…
Para Isabel, la conexión era mínima.
Pero él…
Ya no le importó nada.
—¡Tú y Esteban no son el uno para el otro, divórciate de él!
Antes había sido más o menos sutil.
Pero hoy, después de que no lo dejaran ver a Isabel y lo echaran a la calle, las palabras de Guillaume se volvieron directas y afiladas.
¡Demasiado directas!
Hubo un silencio de tres segundos al otro lado de la línea.
Finalmente, Isabel respondió con una sola frase:
—¡Estás enfermo!
Y antes de que él pudiera decir algo más, Isabel le colgó el teléfono.
Guillaume se quedó con la palabra en la boca.
«¿Enfermo? ¡No estoy enfermo!».
Esta muchacha… ¿cómo se suponía que debía hablar con ella?
Habían pasado tantos años…
Guillaume volvió a llamar a Isabel, pero ella le colgó. Sin más opción, le envió un mensaje de texto.
[Sé que es difícil de creer, pero tú y yo tenemos un contrato matrimonial. ¡Tenemos que hablar de esto en persona!]
Normalmente, si Isa no estuviera tan furiosa, no diría algo así.
—De acuerdo, que se la partan. ¿Oíste? ¡Isa quiere que le partan la boca, encárgate! —le dijo Vanesa a Yeray.
—Entendido —respondió él, impasible, pero mentalmente pensó que Vanesa tenía una fijación con su hermana.
Nunca había visto a una hermana mayor tan devota.
—Ya, ya, no te enojes. Tu hermana se va a encargar de que le partan la boca, hablamos cuando regrese, ¿sí? —Vanesa estaba realmente preocupada de que Isabel se alterara demasiado.
Apenas estaba en la cuarentena, no podía permitirse esos disgustos.
¿Acaso ese tal Guillaume estaba loco?
¿Cómo se atrevía a hacer enojar a su adorable Isa?
Justo cuando Vanesa colgó, lista para ir con Yeray a supervisar la paliza de Guillaume, y apenas habían dado la vuelta al carro, sonó de nuevo el teléfono.
Después de contestar, Vanesa dijo:
—Bueno, ya, que tus hombres se apuren a partirle la boca a Guillaume. Nosotros tenemos que ir para allá ahora mismo.
Parecía que ya no tendrían tiempo de presenciar la escena.
—Ya di la orden —respondió Yeray.
Siempre se movía rápido cuando se trataba de algo relacionado con Isabel.
***

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