Quizás era porque Yeray siempre se ponía celoso.
A pesar de que Vanesa ya no tenía nada que ver con Dan Ward, él seguía sintiendo celos, y ver a su hermana lidiar con ese dolor de cabeza…
Isabel prefería no pasar por algo así.
Por eso, aunque Guillaume le hubiera mandado ese tipo de mensaje, no se atrevía a decirlo.
Esteban le tomó la barbilla y la besó.
Isabel, por instinto, intentó resistirse, pero al final rodeó el cuello del hombre con sus brazos.
Sin embargo, en ese mismo instante, Esteban terminó el beso.
Temía perder el control…
—Mi niña.
«Qué difícil es aguantarse».
Isabel se restregó contra su pecho.
—El asunto de Guillaume no tiene nada que ver conmigo.
Esteban le acarició la cabeza.
—Lo sé, lo hiciste muy bien. La próxima vez, también sácalo a patadas.
—Sí, a patadas.
No le importaba para qué fuera Guillaume a buscarla.
Lo importante era recordar una cosa: no verlo y echarlo, así de simple.
De esa manera, se ahorraría los problemas que tenían Vanesa y Yeray. Si Esteban se ponía celoso y se enojaba, probablemente no sería tan fácil de contentar como Yeray.
***
En Littassili.
Justo después de que Paulina colgara la llamada con Isabel, Carlos regresó de Lago Negro.
Ahora él era quien estaba al mando de Lago Negro.
Aunque estaba muy ocupado, hacía todo lo posible por pasar tiempo con Paulina.
Últimamente, la reputación de Dan en Littassili estaba por los suelos, ¡todos decían que era un mal hijo!
En cuanto a Cristian Ward…
Día sí y día también, iba a buscar a Paulina para exigirle los doscientos millones…
Seguía pensando que Paulina lo había estafado.
Pero algo que entraba en el bolsillo de Paulina, no salía tan fácilmente.
Carlos le acarició el vientre a Paulina.
—¿El pequeño volvió a hacer de las suyas hoy?
—¡Claro que sí! Hace rato le decía a Isa que ojalá naciera ya, y ella me dijo que disfrutara el tiempo que el bebé está en mi vientre.
Carlos sonrió.
Miró la cara de fastidio de Paulina.

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