¿Acaso no podía tener sus propias quejas? ¿Estaba mal que se desahogara un poco?
—La razón por la que tu tío y yo llegamos a este punto es por culpa tuya y de tu madre —escupió Daniela con veneno a través del teléfono.
Andrea sintió una oleada de indignación, pero se contuvo.
—Y lo de Louis, ¿acaso me equivoqué? —insistió Daniela.
—No te equivocaste. Fue mi tío quien se equivocó. Él no merece tenerte, no merece seguir contigo.
Daniela se quedó callada momentáneamente.
Sí, en el asunto de Louis, la culpa era indudablemente de Marcelo.
—¡Por eso mi tío quiere divorciarse, no quiere que vivas amargada toda la vida!
—¿Dices que esa es su actitud para no amargarme la vida? —Daniela sonaba histérica al escuchar que Marcelo lo hacía por su bien.
Andrea suspiró, cansada.
—Él fue a buscar a tu madre ahora, ¿verdad? —preguntó Daniela.
Andrea se tensó.
—No lo niegues, revisé su itinerario. Fue a París, ¡seguro fue a buscar a tu madre!
—Dile a tu madre que no ande sembrando cizaña en nuestra relación frente a tu tío.
Al escuchar aquello, Andrea ya no supo qué responderle. Era increíble.
¿Ahora resulta que esto también era culpa de su madre?
—Tú… —Andrea intentó replicar, pero se detuvo—. ¡Olvídalo!
Quería decirle unas cuantas verdades a Daniela.
Pero viendo su actitud actual, sabía que era inútil.
Así era la gente…
Cuando surgen problemas en la vida y las emociones se desbordan, uno tiende a sospechar que todos quieren hacerle daño.
¡Y Daniela era el ejemplo perfecto de eso!
—¿Qué olvide qué? ¿Qué quieres decir con eso? —exigió Daniela.
Andrea colgó el teléfono directamente.
No le caía bien Daniela y no quería seguir enredada en sus dramas.
Tras colgar, Andrea soltó un suspiro profundo.

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