Isabel, al recibir la foto que le envió Andrea, se sintió un poco mareada.
Llamó de inmediato a Andrea, pero ella no contestó.
En seguida, Andrea le respondió con un mensaje: [¡Sebastián vino con mi tío!]
Isabel: [¿Qué? ¿A qué vino?]
Andrea: [¡Ni idea!]
Isabel se quedó mirando la pantalla.
Justo en ese momento, Esteban salió del baño. El hombre llevaba solo una toalla alrededor de la cintura.
Al ver sus abdominales marcados, Isabel tragó saliva inconscientemente.
Mientras estaba perdida en sus pensamientos, Esteban se acercó a ella y le acarició la cabeza.
—¿Se te antojó?
Isabel sintió que la cara le ardía.
Su rostro se puso rojo al instante.
Era muy fácil de provocar; cada vez que Esteban le tomaba el pelo, ella seguía sonrojándose.
Esteban subió a la cama y la abrazó de golpe.
—Lástima, ahorita no se puede.
—Entonces ponte ropa.
Si sabía que no se podía, ¿para qué andaba así?
¿A quién quería matar de ganas…?
En realidad, para Esteban era aún más difícil aguantarse.
—Oye, estem… ¡Sebastián vino!
Esteban se congeló.
Su palma ancha, que acababa de posarse en la suave cintura de Isabel, detuvo su movimiento bruscamente al escuchar esa frase.
—¿Qué dijiste? —preguntó Esteban.
—¡Que Sebastián vino a París con Marcelo!
—¿Cuándo?
—Justo ahorita. Cuando Andrea y Mathieu fueron a recoger a Marcelo, Sebastián llegó con él.
La expresión de Esteban cambió a una de total desagrado.
—¿No le habíamos prohibido la entrada a París?
—Lo que prohibiste fue a toda la familia Bernard, pero al saber que Marcelo venía, ¿no ordenaste que se levantara la restricción para…? —Isabel dejó la frase en el aire.
Esteban no recordaba bien en ese momento.


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