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La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 865

Dan apenas había colgado con Yeray y seguía enchilado. Justo en ese momento, le avisaron que la gente de Colina del Eclipse quería que fuera para allá.

—¡No voy! —escupió, fastidiado.

Carol se asomó desde la puerta con una sonrisa astuta.

—Entonces, yo les aviso.

—Espera...

—¿Qué pasa?

—Prepara el carro.

En realidad, el asunto de Paulina no le urgía tanto a Dan. Pensaba dejar que Vanesa y Yeray se encargaran de presionar a los demás.

Pero esa mujer... era como un perro rabioso, mordiendo a lo loco cuando no encontraba a quién buscar. Al final, también le tocaba a él andar resolviendo el desastre.

Solo de pensarlo, Dan sentía que se le revolvía el coraje por dentro.

...

Mientras tanto, del otro lado.

Vanesa, con el ceño fruncido, se tomó de un jalón un vaso de leche.

—¿Todavía no es suficiente presión? —refunfuñó, dejando el vaso en la mesa.

Era la frase que más había repetido desde la noche anterior.

Vanesa estaba convencida de que Lago Negro no entregaba a Paulina porque ellos no estaban presionando lo suficiente. Que sus pérdidas todavía no eran tan graves como lo que Alicia se llevó en su momento. Así que, preferían aguantar, aunque les costara, antes que entregar a Paulina.

Yeray guardó silencio, mirándola con una expresión imposible de descifrar.

¿No están siendo lo bastante duros?, pensaba.

Vanesa se revolvió el cabello con las manos, frustrada.

—¡Caray! Nunca me había topado con gente tan terca. Ya los arrinconamos tanto y ni así sueltan prenda. Esto sí que nunca me había pasado.

—Si no encontramos a Paulina pronto, Isa se va a poner mal... Anoche me llamó solo para consolarme.

Al mencionar a Isabel, a Vanesa se le notó la culpa en los ojos.

Le pesaba haberle fallado. Y más sabiendo que, durante los años de Isabel en Puerto San Rafael, Paulina siempre la había cuidado como una hermana mayor.

Yeray arqueó una ceja.

—¿Ella te consoló?

—¿Y ahora por qué me miras así?

—Nada... Solo pensaba si Paulina de verdad está en...

—¡Ojalá siga viva! —lo interrumpió Vanesa con voz temblorosa.

Yeray se quedó callado, tragando saliva.

¿Estará viva? Esa pregunta le retumbó en la cabeza.

Cerró los ojos, repasando una y otra vez todo lo que había pasado desde la desaparición de Paulina. Las reacciones de cada quien: Carlos, Isabel, Vanesa...

Nadie parecía esconder nada.

Pero cuando volvió sobre las palabras “ella me consoló”, Yeray abrió los ojos y se quedó mirando fijamente a Vanesa.

Vanesa seguía despotricando, convencida de que solo presionando más, lograrían lo que querían.

Al final, su análisis torpe la llevó a señalar a Delphine como la principal sospechosa.

Según Vanesa, esa mujer tenía todas las razones del mundo para querer deshacerse de Paulina: en su momento, Alicia le quitó al mismo hombre y hasta tuvo una hija con él, y todavía se llevó recursos de Lago Negro.

Viéndolo así, tenía lógica que Delphine anduviera con miedo de que Alicia y Patrick volvieran a las andadas.

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