Entrar Via

La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 967

Nunca me había dado cuenta de que esta chica era tan buena para sacar los trapitos al sol.

Pero bueno, hay que decirlo: ese Oliver Méndez sí que se pasa de la raya. ¡Manda a buscar a un psicólogo y termina trayendo a un paciente psiquiátrico!

Por eso, en estos días, Vanesa no quería saber nada de poner un pie en el hospital, dijeran lo que dijeran.

Vanesa soltó un —Oh~— despreocupado.

Al escuchar que no iban al área de psicología, por fin respiró tranquila.

A nadie le gusta que lo traten como si estuviera loco. Pero, la verdad, en esos días sí sentía la cabeza a punto de explotar.

Nada más de pensar en aquel episodio, le daban ganas de ir a buscar a Paulina para darle una buena sacudida.

Esa desgraciada, ni un poco de consideración… Andando con Carlos y ni para avisar que estaba bien.

La tuvo todo el tiempo pensando que la había secuestrado gente de Lago Negro, y hasta fue a buscar a esos tipos como loca para exigir que la devolvieran.

Sobre todo Carlos. Y pensar que ella siempre había confiado en él… ¡y va saliendo con una de esas!

Solo de recordarlo, la rabia le subía de nuevo.

...

En el carro.

Yeray, que llevaba rato mirando a Vanesa con el seño fruncido, no pudo evitar estirar la mano y apretarle la mejilla con cariño.

—¿En qué piensas, eh? ¿Por qué traes esa carita de enojada?

¿Será que todavía está molesta por el asunto del paciente psiquiátrico?

Si era así, en cuanto regresaran del doctor, tenía que arreglar cuentas con Oliver sí o sí.

—Estoy pensando en cómo todos se han burlado de mí —aventó Vanesa, con ese tono de niña resentida.

Yeray se quedó callado un segundo.

Vaya, dicho así, hasta sonaba conmovedor.

Aunque bien sabía que la que más la traía de bajada era Céline. Pero bueno, entre ella y Céline, se la pasaban haciéndose bromas desde que eran unas crías.

Con esas peleas, cualquiera pensaría que acabarían como enemigas mortales, pero ahí seguían, juntas.

—Pues Carlos y Pauli también se pasaron —añadió Vanesa, haciendo un puchero.

Antes, Vanesa ni les daba importancia a esas cosas, pero últimamente no podía dejar de darle vueltas al asunto.

Le hervía la sangre.

Yeray le revolvió el cabello con ternura.

—No lo haré.

—Y cuando estemos en el hospital, pase lo que pase, tienes que respetar lo que yo decida.

A Vanesa no le hacía mucha gracia eso de ir al doctor, menos si se trataba de hospitales.

Yeray asintió con firmeza.

—Claro, te respeto cien por ciento.

Vanesa soltó un resoplido y se quedó mirando por la ventana.

Yeray se encogió de hombros, resignado. De todas formas, estaba decidido: en cuanto volvieran, tenía que darle una lección a Oliver.

Ese tipo, para comer no deja nada, pero para hacer las cosas bien, nunca está.

...

No tardaron en llegar al hospital.

Yeray fue a sacar la ficha; esta vez eligió la especialidad de gastroenterología. Cuando Vanesa vio el papel del turno, por fin pudo relajarse.

La última vez, Yeray la había convencido de ir al médico y terminó haciéndole pasar un mal rato con ese trauma del área de psicología.

No quería que ahora, aprovechando que la tenía en el hospital, la mandara de nuevo a ver a un psiquiatra.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera: Gambito de Diamantes