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La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 968

Por suerte, Yeray esta vez sí se comportó normal.

Al llegar al área de gastroenterología, el doctor miró a Vanesa y preguntó con tono profesional:

—¿Qué molestias tienes? Cuéntame todo lo que has sentido últimamente.

Vanesa no dudó y le explicó una por una todas las molestias que había estado sufriendo en esos días.

El doctor siguió con la entrevista:

—¿Vomitas todo lo que comes? ¿Hasta el agua la devuelves?

Vanesa asintió con la cabeza.

—Así es.

El doctor frunció el ceño, visiblemente preocupado.

—Esto ya es algo delicado. Vamos a hacerte una endoscopía estomacal para revisar bien.

Vanesa abrió los ojos de par en par.

—¿Qué...? ¿Endoscopía?

¡No podía ser!

—¿No hay otra forma? ¿De verdad tengo que hacerme la endoscopía? —preguntó con voz temblorosa.

Apenas escuchó la palabra “endoscopía”, le vinieron a la mente los recuerdos de la vez que le hicieron ese estudio cuando estaba en secundaria.

Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo.

Si alguien preguntaba, ella podía jurar que esa experiencia era suficiente para dejar colapsado a cualquiera. ¡No pensaba repetirla por nada del mundo!

El doctor la miró con seriedad.

—Tu situación es delicada. Necesitamos revisar si hay algún problema grave en el estómago.

Vanesa sintió que el mundo se le venía encima.

—¡¿De verdad es necesario?!

—¿Tú qué opinas? —preguntó el doctor, como si esperara una respuesta lógica.

Vanesa bajó la mirada, sin atreverse a contradecirlo. Por dentro, gritaba que no quería pasar por eso de nuevo.

El doctor, al ver que ella no respondía, dirigió la mirada hacia Yeray, esperando apoyo.

Yeray miró a Vanesa, luego al doctor, y al final tomó la decisión con un tono firme:

—Hágale la orden.

—¿Qué? ¡Oye! —Vanesa de inmediato protestó.

¿Pues no que iban a respetar su opinión? ¿No que la prioridad era cómo se sintiera ella?

Ya sospechaba que ese viaje al hospital iba a tener su truco escondido.

Yeray se defendió, mirándola de frente:

—Escúchame, esto ya está grave. Si no te revisan bien, después te puede ir peor.

Vanesa giró la cabeza con gesto de enfado, sin querer escuchar ni una palabra más.

Se veía tan indignada, como si todo el mundo estuviera en su contra.

Yeray suspiró y se acercó un poco más.

—Ya ni siquiera puedes tomar agua sin que la vomites. Por favor, sé buena.

Al oír ese bufido, Yeray trató de mantener la calma.

—Vane, tienes que hacerte el estudio. ¿Y si tienes algo serio? Entre más pronto te lo hagan, más rápido te vas a mejorar. Por favor, ¿sí?

[¡Ya me fui!]

Yeray se quedó mudo.

¿Que se había ido? Eso sonaba a que había salido corriendo... ¿Quién le explicaba por qué Vanesa, tan valiente para todo, salía huyendo solo por una endoscopía?

Respiró hondo, intentando no perder la paciencia.

—Vane...

[¡No pienso hacérmelo! Eso es una tortura, cualquiera que se lo haga termina destrozado. Si te gusta tanto, háztelo tú.]

Yeray se quedó sin palabras.

En ese momento recordó que, en secundaria, Vanesa había estado hospitalizada unos días por molestias en el estómago. Al parecer, esa vez la endoscopía la había dejado marcada.

Pero ahora las cosas eran diferentes.

—Vane, ya no es como en tus tiempos de escuela. Ahora te pueden poner anestesia, no vas a sentir nada.

[¡No me importa! ¡No me lo voy a hacer! Si tanto quieres, hazlo tú...]

—Pero yo no tengo molestias en el estómago, eres tú la que...

Sin embargo, antes de que pudiera terminar, escuchó el tono de llamada cortada.

Vanesa le había colgado en la cara.

—¡Maldita sea! —exclamó Yeray, apretando el celular con frustración.

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