Esteban
Después de terminar la llamada con Vanesa, Esteban bajó las escaleras y se topó con Isabel, quien estaba sentada comiendo fruta, tan tranquila como siempre.
En lo que respectaba a la comida, Isabel nunca daba problemas.
Sobre todo ahora, que tras varias semanas de embarazo, por fin podía comer sin sentir náuseas. Siempre tenía la boca llena de algo.
Apenas vio a Esteban bajar, Isabel escupió el hueso de una cereza y preguntó:
—Oye, eso de que la hermana está enferma… ¿no te parece raro?
—¿Qué tiene de raro? —le preguntó Esteban.
—No sé, ¿y si más bien está embarazada? —Isabel se quedó mirándolo, indecisa.
Esteban se quedó en silencio.
Por fin, terminó de entenderlo.
Ahora que lo pensaba, los médicos que Yeray había llevado a ver a Vanesa últimamente también habían estado medio perdidos.
—Oye, de verdad creo que la hermana está embarazada —insistió Isabel.
Vanesa vomitaba todo lo que comía, y llevaba así un buen tiempo. Si no era embarazo, ¿entonces qué?
Esteban se sentó a su lado, le quitó el plato de fruta y tomó su mano.
—Hermano… —susurró Isabel.
—Sí, está embarazada.
—¿Eh? ¿De verdad? —Isabel abrió los ojos como platos.
—Sí, así es.
—Entonces, todo este tiempo…
¿De verdad estaba embarazada? ¿Y Yeray la había estado llevando con psicólogos? ¡Eso no tenía sentido!
Todo era tan absurdo que Isabel no recordaba haber visto algo tan ridículo en su vida.
—Hoy en la mañana, Yeray la llevó al hospital… pero la revisaron en gastroenterología.
—¿Qué? ¿En gastroenterología? ¡Pero si tenía que ir a ginecología! —Isabel no podía creerlo.
¡Primero la mandaban al psicólogo, luego a gastroenterología!
—¿Yeray puede ser aún más despistado? —murmuró.
Esteban la miró divertido y soltó una pequeña risa.
—Es su primera vez, no tienen experiencia.
Isabel solo pudo torcer la boca.
¿Eso era terquedad? ¡Era otra cosa! Aunque Yeray dijera la verdad, Vanesa no le creía ni una palabra.
—Entonces, si Yeray no logra explicarle bien, ¿la hermana va a seguir pegándole a Dan?
Esteban asintió y le revolvió el cabello.
—Me parece que sí.
Isabel se quedó mirando al techo, sin poder decir nada más.
...
Littassili
El doctor apenas había logrado huir de la habitación; con el humor que traía Vanesa, cualquiera temía salir lastimado por accidente.
Vanesa, una vez que el doctor se fue, no dejaba de mirar la prueba de embarazo. La observaba una y otra vez, como si con la fuerza de su mirada pudiera borrar esas dos rayas que habían aparecido.
—¿Esto de verdad significa que estoy embarazada? —volteó a ver a Yeray, sin poder creérselo.
Le parecía increíble.
Solo hacía falta echarle un chorrito de orina y, si salían dos rayas rojas, ya era embarazo. ¿De verdad funcionaba así? ¿No era mejor hacerse una ecografía y ver si había “algo” dentro?

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