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La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 978

Yeray estiró la mano intentando arrebatarle la prueba de embarazo a Vanesa.

—¡Déjame ver eso! Ya no le busques, sí estás embarazada.

Ni siquiera le importó si la prueba tenía una o dos rayas, con todos los síntomas que había visto en ella últimamente, no le quedaban dudas.

No podía comer nada sin que le dieran ganas de vomitar. Dormía todo el día y, cuando estaba despierta, su humor era explosivo, como si una chispa pudiera incendiarlo todo.

Solo por eso, Yeray estaba convencido: Vanesa estaba embarazada.

Pero Vanesa reaccionó rápido y esquivó su mano, evitando que le quitara la prueba. El comentario de Yeray la encendió aún más.

Se le notaba la furia en la mirada, tan intensa que cualquiera se habría hecho a un lado. Apenas y Yeray había logrado calmarla un poco, pero ahora solo la hizo explotar otra vez. Con un golpe seco, Vanesa azotó la prueba de embarazo contra el suelo.

—¡Dan, maldito desgraciado! ¡De veras que esta vez sí lo voy a matar!

Recordó cómo hacía solo un rato lo había arañado y abofeteado, y pensó que había sido demasiado suave con él. Ahora sentía que tenía que buscarlo de nuevo y desquitarse como se debía.

De verdad, ya no podía con tanto coraje…

Se levantó de golpe, decidida a buscar sus cosas, lista para volver a encarar a Dan. Yeray, viéndola tan alterada, solo pudo suspirar y alcanzarla para tomarla del brazo.

—Vane…

—¡Suéltame! ¡No vengas a defenderlo!

Vanesa lo interrumpió antes de que pudiera decir algo más. Lo último que quería en ese momento era escuchar a alguien hablar bien de Dan.

Desde que ese tipo fingió su muerte y desapareció durante años, solo para reaparecer de repente, la idea de desquitarse con él se había convertido en su meta principal.

Yeray apretó un poco el agarre en su muñeca, como si intentara detenerla por la fuerza.

—Vane, espera…

—No entiendo por qué le sigues cubriendo las espaldas a ese imbécil. ¿De verdad quieres que le vaya bien?

Yeray se quedó a medias. La neta, ya no sabía ni cómo explicarle.

Desde aquella noche, había intentado decirle a Vanesa que el que estuvo con ella había sido él, no Dan. Pero no importaba lo que dijera, Vanesa seguía convencida de que había sido Dan.

Ahora las cosas se ponían aún más locas: hasta creía que Yeray intentaba proteger a Dan.

No podía entender la lógica de Vanesa, ni por qué seguía insistiendo. Él ni motivos tenía para defender a Dan.

Vanesa, al ver que Yeray no le seguía el juego, solo hizo un gesto con la mano.

—No importa, igual voy a ir a buscarlo y le voy a dar su merecido.

—¿No has hecho suficiente ya?

Yeray pensó en todo lo que Dan había pagado últimamente, cómo hasta el pueblo entero, Lago Negro, había sufrido pérdidas. Pero para Vanesa nada era suficiente.

Mientras hubiera una excusa, por mínima que fuera, ella iba a lanzarse contra Dan sin compasión, como si de eso dependiera su paz.

Eso había dejado claro a todos que Vanesa podía ser la persona más leal o la más dura, sin punto medio.

Vanesa volvió a buscar sus cosas. Yeray acababa de quitárselas y, encima, la había detenido, algo que ella no iba a perdonarle tan fácil.

—¡Suéltame! Esta noche, pase lo que pase, yo…

—No tienes que buscarlo ni hacerle ningún escándalo —dijo Yeray, interrumpiéndola—. Ese bebé es mío.

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