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La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 13

10-Ryker

Finalmente llegué cuando empezaba a amanecer. El guerrero me dejó en la puerta principal de la casa de la manada antes de irse a su propia casa. Mi lobo volvió a tomar forma humana. Estábamos agotados, cubiertos de tierra y sangre. Pero valió la pena, porque hubo pocas peleas y menos de una docena de bajas, y la mayoría de la manada ni siquiera se enteró.

Me fui a la suite más grande después de la de Edward. No lo iba a sacar de su propio espacio solo porque ahora había tomado posesión de su manada. Yo tenía mi propia casa y mi propio espacio. Él podía vivir su vida en su lugar legítimo, en las habitaciones principales de la casa de la manada.

Me lavé toda la mugre y dejé que el agua recorriera mi cuerpo. El agua caliente se sentía sensacional contra mis músculos después de tanto tiempo en el carro y de la corrida nocturna.

Justo cuando empezaba a relajarme y mi mente empezaba a hacer la lista de cosas que necesitaba hacer, sentí una brisa fría y el olor a rosas falsas llenó mi nariz. Hice una mueca. Me di la vuelta y agarré a la chica por el cuello después de dejar que se acercara. Si hubiera sido un hombre, ya estaría muerto. Sabía que eso me hacía ver como un maldito machista; dispárenme, yo no era perfecto. Sus ojos estaban muy abiertos, pero no tenía miedo. La habían enviado aquí y ya le habían dado una idea de lo que debía esperar.

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—El Alfa Edward pensó que quizá necesitaba ayuda para relajarse —su voz aguda y nasal me irritó un poco, pero su cuerpo desnudo lo compensaba. Cabello oscuro cayéndole hasta la mitad de la espalda. Unas t*t*s enormes que botarían precioso, y curvas en los lugares indicados—. Puedo ayudarlo si usted quiere, señor.

No era tímida ni dudosa, pero tampoco me daba la sensación de que estuviera buscando poder. Esto era algo que hacía parte de su rol en la manada. La idea de que hubiera una concubina para los visitantes me dejó un sabor amargo en la boca. Pero detuve ese pensamiento y seguí con ello. Había pasado un tiempo. Asentí con la cabeza y la guié a ponerse de rodillas frente a mí mientras bloqueaba el chorro de agua con la espalda.

La miré expectante. No era un completo imbécil. Si esto era algo que no quería hacer, no la obligaría, pero vino a mí y sabía lo que quería que hiciera. Agarró mi pene, ahora erecto, y lo acarició, alternando la fuerza y ​​la velocidad de su agarre, sin apartar la mirada de mí. Respiré hondo, con un escalofrío, y disfrutando del contacto de una mano que no era la mía. Cuando se me pasó, pasé suavemente mis dedos por su cabello y guié su rostro hacia adelante; de nuevo, no la obligué, pero quería dejar bien claro lo que quería. No dije nada, porque no quería conversar. Siempre era mejor si no hablaban. Hablar solo creaba un apego que nunca llegaría a ninguna parte.

Capítulo 13 1

Capítulo 13 2

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