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La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 141

Escuché el clic de la puerta de la camioneta y él me lanzó dentro, cerrando con más fuerza de la necesaria; rodeó el frente y se subió al lado del conductor. No quiso mirarme y no había dicho nada hasta ese momento. Me pregunté si habíamos ido demasiado lejos.

No debería haberme importado, pues él había hecho cosas mucho peores y tenía que saber que Danny solo estaba bromeando. No podía usar el enlace mental para preguntar qué pasaba. Solo tomó unos diez minutos regresar al garaje de la casa de la manada.

En cuanto bajé de la camioneta, volví a estar en sus brazos y no me resistí; pensé que quizás lo habíamos quebrado. Me llevó por la puerta trasera y subió por la escalera secreta.

Cerró de un portazo la habitación en cuanto entramos y me acorraló contra la puerta. Su pecho subía y bajaba con fuerza mientras me observaba el rostro buscando algo, aunque yo no tenía idea de qué era. Pero esperé; no me parecía algo que pudiera sonsacarle. Me lo diría cuando estuviera listo.

Deslicé mis dedos por el cabello corto de su nuca y él cerró los ojos, disfrutando de la sensación. Respiró profundo y, cuando volvió a mirarme, tenía los ojos enrojecidos, al borde de las lágrimas.

—Lo siento —susurró sin romper el contacto visual. Le tomé las mejillas entre las manos; él inhaló y exhaló de nuevo—. Esa fue la peor experiencia que he tenido en mucho tiempo y sé que Danny estaba jugando. Sé que tú estabas bromeando, pero fue una tortura. Odié verlo poner sus manos sobre ti. Odié la forma en que te sonreía. Y, maldita sea, tú le devolviste la sonrisa. Fue una sonrisa plena que iluminó todo tu rostro. Y odio con todas mis fuerzas no haberme ganado una así todavía.

Inhaló y exhaló una vez más y yo solo lo observé. Lo vi quebrarse un poco, vi cómo se le llenaban los ojos de lágrimas y supe que debería haberme sentido mal. Debería haberlo consolado, pero no lo hice, todavía no.

Él necesitaba esa revelación. Tenía que saberlo por completo. No tenía idea de cómo habían sido aquellas noches, pero ese día tuvo una probadita y no pudo detenerlo ni arreglarlo en aquel instante; tuvo que limitarse a aguantar.

—¿Puedes perdonarme? ¿Puedo arreglar esto? ¿Qué tengo que hacer? —preguntó mientras me miraba fijamente.

Una sola lágrima se le escapó a mi gran y aterrador compañero, y aquello fue mi perdición. Había derribado todos sus muros para mostrarme lo que sentía de verdad.

Usé mi pulgar para secarle la lágrima y él se inclinó hacia mi mano. Luego lo atraje hacia mí y presioné mis labios contra los suyos. Rayos, electricidad, explosiones... nada se comparaba con aquel beso.

Sus labios carnosos y suaves estaban sobre los míos, al principio con dudas, pero cuando usé la lengua para pedir paso, no dudó en concedérmelo. Me dejó llevar el ritmo de ese beso y fue frenético. Puros dientes, labios y lengua. Fue descuidado, necesitado y perfecto. Mi pulso se aceleraba y no lograba estar lo suficientemente cerca de él. Quería más. Necesitaba más.

—Me alegra que lo apruebes. No estaba seguro... —vaciló mientras me colocaba un mechón de cabello tras la oreja.

—¿No estabas seguro de qué?

—De cómo resultaría. Había planeado que fuera en un lugar un poco más romántico que nuestra habitación, pero esto salió bien —añadió con otra sonrisa mientras se limitaba a mirarme.

Mi cerebro procesaba todo en cámara lenta, pero le di vueltas a sus palabras.

—¡Espera! Ryker. ¿Ese fue tu primer beso? Me refiero a que si no fue solo “nuestro” primer beso, sino tu primer beso en toda la vida —pensé que no podía ser cierto. No había forma.

—¿Y si dijera que sí?

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