Elara
—¿Ben? —Seguía mirando como si tal vez no se hubiera ido.
—Sip...
—¿Qué? —Entonces miré a Jax, que no lucía avergonzado, sosteniendo su celular. Tenía las cejas levantadas en señal de desafío. Solo le lancé una mirada fulminante.
—El, hazme un favor.
Suspiré.
—¿Qué favor, Ben?
—Sal a caminar, respirar un poco de aire fresco podría ayudarte a ver mejor la situación. —Levanté la mirada bruscamente hacia mis guerreros.
Esa era la clave de Ben para cuando creía que alguien podía estar escuchando. Les hice una señal con la cabeza y tomé el celular para seguir con la farsa hasta que estuviéramos seguros. Cada uno se encargó de una sección de la oficina. Saqué toda la mierda innecesaria que pude de la oficina de mi papá para dejarles menos lugares donde esconder dispositivos, pero alguien seguía entrando.
Ya lo imaginaba ahora que habíamos empezado a eliminar sospechosos de manera sistemática. Solo teníamos que atraparlos en el acto o no pasaría nada. Ese había sido el problema de mi papá desde siempre: pruebas concretas. Ben siguió parloteando sobre dónde seguir buscando rastros, lo que creía que debía hacer con los cambios en los turnos de patrulla y su viaje a Luna Oscura. Al parecer estábamos anunciando su ausencia a nuestros enemigos durante su cháchara inútil.
Vi a Jax levantar la mano y señalar. Así que alguien quería tener una grabación de un miembro de la manada regañándome, o quería asegurarse de que sucediera; ambas cosas eran posibles. Dev se acercó levantando dos dedos. Estaba a punto de reventar con las palabras clave y por estar escabulléndome por mi propia casa, pero si ponía la casa de la manada en cuarentena, me convertiría en lo que decían los rumores. Esto había sido un juego largo.
—Oye, Alfa. Te dejamos ponerte al día. Te vemos en las patrullas —dijo Jax. Ambos desmantelaron los dispositivos con cuidado, tomaron las piezas y se fueron. Quien fuera que los estuviera plantando sabía que yo los encontraba y los destruía; ¿por qué creerían que hablaba libremente en algún lugar? Otra vez, quizás ese era el punto: mantenerme callada. No encontré nada en mi lado de la oficina, así que volví a mi escritorio.
—Todo despejado, creo —susurré mientras quitaba el altavoz del teléfono—. ¿Crees que intentan volverme paranoica para hablar o solo recopilar información para mantenerse un paso adelante? —Estaba agotada otra vez.
—Honestamente, ambas cosas. Está pasando en tu casa, bajo tus narices. Está diseñado para hacerte dudar de todos a tu alrededor, para que te sientas aislada. De cierta forma está funcionando. Solo confías en un puñado de lobos y no puedes hacer tu trabajo con eficacia en ningún lugar de la casa de la manada.
—¿Qué hay de los rumores? Estoy segura de que Dev y Jax te dieron más detalles, ya que pareces estar más tranquilo que yo.
—Me contaron.
—¿Y...?
—¿Y qué? ¿Quieres que los repita? Porque no lo voy a hacer. —Su voz era severa—. No eres la primera Alfa que recibe amenazas de desafío ni a la que la manada le tiene bronca. Siempre hay alguien encabronado por algo. Todos los Alfas lidian con eso.
—Pero soy hembra...

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