Kennedy
Me tensé y la respiración se me cortó. Quedé paralizada en el tiempo, mirando aquella versión mayor de Ryker. Sus ojos eran de un tono más oscuro, pero no menos penetrantes. Si Ryker no me estuviera sosteniendo, probablemente habría caído al suelo.
—¿Qué? —susurré. Ryker me rodeó con los brazos con más fuerza y yo le aferré los antebrazos como si me fuera la vida en ello. Probablemente le estaba dejando marcas, pero solo una pequeña parte de mi cerebro alcanzaba a registrar que eso podía ser un problema.
Me dirigió una mirada compasiva, pero volvió a preguntar.
—¿Qué recuerdas de aquella noche? Necesito saber por dónde empezar.
Los pulmones me pedían aire, pero parecía que no podía absorber nada. No podía apartar la vista de aquellos ojos tan parecidos a los de mi compañero. Él sabía lo que había pasado. Quizás sabía por qué. Me conocía, pero yo jamás lo había visto en mi vida.
Sentí manos en el rostro; intenté parpadear, pero todo mi cuerpo respondía con lentitud y la mente se le nublaba. Entonces un calor se extendió desde los labios por todo mi cuerpo, encendiéndome por dentro. Inhalé profundo y los ojos por fin enfocaron.
—Oye. Quédate conmigo, ¿sí? —me dijo Ryker por el enlace mental—. Quizás él pueda ayudarnos a llenar algunos vacíos.
Me besó en los labios y yo me acurruqué en el hueco de su cuello, dejando que su aroma invadiera cada poro de mi cuerpo. Cuando estuve lista, me incorporé y me volví hacia el Alfa Ryan; ni siquiera me había dado cuenta de cuándo Ryker había cambiado mi posición.
—Lo único que recuerdo en realidad es el choque —respiré hondo—. Estaba dormida; fue mi culpa que siquiera estuviéramos en la carretera. —Una lágrima brotó, pero no llegó ni a la mejilla: Ryker la borró con el pulgar—. Me desperté con el estruendo del choque y el auto dando vueltas. De eso trataban mis pesadillas: estar atrapada en el auto con los ojos sin vida de mis padres mirándome. —Dejé que el escalofrío me recorriera el cuerpo. Ryker me frotaba el muslo con una mano y me sujetaba con fuerza con la otra—. Todo lo demás son fragmentos muy borrosos.

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