—Pero tú no me conocías, y yo no te reconocí. Lo habría recordado si me hubieras salvado —le sostuve la cara entre las manos y él me regaló una sonrisa triste.
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—No lo creo. Aún no tenías la edad para encontrar a tu compañero, y estabas tan destrozada y desorientada por lo de tus padres que quién sabe qué fue lo que tu mente realmente procesó.
—Te aparté de mi hijo y les pedí a él y a Josh que regresaran a enfrentarse a la Manada Río de Luna mientras yo me encargaba de limpiar la escena con el resto de los guerreros que nos acompañaban. Tu padre tenía el nombre del Alfa James en su billetera y en su teléfono como contacto de emergencia. Conocía a James de las cumbres anteriores y sabía que tenías un vínculo con nuestra forma de vida. Supe que eras especial desde entonces, pero nunca entendí de qué manera hasta que escuché tu nombre de nuevo cuando Rayna encontró a Jeremiah.
—¿Por eso cambió tu agenda de viajes? —le preguntó Ryker a su padre.
—Sí, en parte. También le tenía miedo a esta conversación. Temía que nos culparas por la muerte de tus padres y que se lo hicieras pagar a Ryker. Él se merece la oportunidad de ser feliz, algo que ha esperado mucho tiempo. No quería contaminar tu progreso, absurdamente lento, con esta información —me regaló esa pequeña sonrisa que su hijo había heredado. Yo le sonreí de vuelta.
—No es más culpa tuya que mía —Me encogí de hombros mientras caían algunas lágrimas más. Eso era probablemente lo único que la terapia me había enseñado: no fue mi culpa. Fue solo una serie de circunstancias que ocurrieron. Aunque eso no hacía que doliera menos.
—No, pero lo que más me inquieta es que, sin esa situación, no sé si Ryker te habría encontrado alguna vez —Suspiró Ryan.
Me detuve en seco cuando ese pensamiento me sacudió. Miré a Ryker, que había palidecido.

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