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La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 188

Kennedy

—No estoy segura de cómo voy a ayudarte a conseguir a tu compañera, pero no entiendo por qué me necesitas tanto a Ryker como a mí.

“Si lo mantengo hablando, quizás les doy a mis chicos tiempo de encontrar el rastro”.

—Cabrón... digo, Dirk, aquí presente, ni siquiera me ha dicho tu nombre. Tus sirvientes tienen muy poca formación en el arte de la etiqueta de las presentaciones formales.

Eso me valió un fuerte golpe en la cara. Llegó de la nada y vi estrellas al caer de lado. El pómulo podría estar roto, a juzgar por el dolor que me abrasaba la cara. Me incorporé despacio hasta quedar sentada y me sostuve la mejilla izquierda con la mano.

—No soy ningún puto sirviente, pequeña zorra. Soy un guerrero —escupió Dirk.

—Discutible —murmuré por el lado derecho de la boca—. Perderás el brazo por eso, para que lo sepas.

Esperaba sonar tan tranquila como creía que lo estaba. Podía ver que Dirk se ponía cada vez más furioso. Parecía un personaje de caricatura a punto de explotar.

Cuando levantó el brazo para golpearme de nuevo, el Alfa desconocido se lo sujetó y le lanzó una mirada de advertencia.

—No quiero una guerra, y eso es exactamente lo que vamos a tener si le vuelves a poner una mano encima. Con suerte saldrás de aquí con todos tus miembros intactos cuando esto termine.

—Es tu prisionera. ¿Cómo puedes ponerte de su lado? —La atención de Dirk se clavó en su líder.

—Porque un Alfa mataría por su compañera. Le pusiste las manos encima más de una vez esta noche y le causaste dolor y sufrimiento en el proceso.

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—¿Y cómo demonios se suponía que la íbamos a traer hasta aquí? No te vi a ti arriesgando el pellejo para conseguirla.

—Mi nombre es Alfa Finn.

—Bien, Finn. ¿Qué es lo que realmente quieres de mí? Dirk no es precisamente tu mejor elección, y está claro que no le permiten tener toda la información.

Mi descaro le arrancó una sonrisa.

—Ahora entiendo por qué eres una Luna incluso siendo humana. ¿Qué tal si te traigo ese hielo y luego conversamos?

Puse los ojos en blanco y cambié de posición para estar más cómoda. Esta vez se rio al salir.

Estaba cansada, hambrienta e incómoda, pero tampoco quería comer ni beber nada de lo que me ofrecieran. Quién sabe qué tenían planeado. Y no me acercaría para nada al montón de harapos de Dirk, por mucho que necesitara dormir. Tenía que salir de esa especie de tienda de campaña.

La entrada se movió y pensé que era Finn regresando con el hielo y, con suerte, con la propuesta de que me ataran afuera junto al fuego. Cualquier cosa sería mejor que ese lugar oscuro y maloliente. Me equivoqué por completo, y el rostro que me miraba con desprecio no era en absoluto el que esperaba, aunque lo cierto es que no me sorprendí en lo más mínimo.

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