Elara
Había estado desnudo cerca de mí ese día. Amable conmigo. Me había sonreído, maldita sea. En ese momento me tomaba de la mano y la electricidad entre nosotros probablemente era visible. Era una mala idea. Mi resistencia hacia él se estaba agotando.
Había hecho su trabajo de manera impecable; el equipo de mi padre debería tomar nota. Había ido y venido entre su manada, la mía y la de Junior. Al principio, el tiempo separados fue bienvenido. Podía reiniciar mi convicción de que no lo necesitaba, pero para la segunda ronda de tener que compartirlo con otros, mi loba decidió que ya había tenido suficiente y me hizo pedir acompañarlos a Colmillo Rojo antes de que me diera cuenta de lo que estaba pasando. Luego hice mi jugada de compañera más temprano, de eso se trataba todo aquello.
Lo tomé desprevenido, con buena razón, pero sabía que se estaba cobrando la revancha. Lo que no sabía era cuánto más podría resistirme. Mi loba ya no estaba de mi lado y en ese momento saltaba de alegría dentro de mi cabeza porque él había dado el primer paso y tomado mi mano.
Me jaló hacia una habitación oscura donde solo había una lámpara de noche encendida.
—Espero que esté bien. Sé que los compañeros nuevos prefieren su privacidad. —Luna Sam sonrió con complicidad y las palabras se me atoraron en la garganta.
—Es perfecto, gracias, Luna Sam.
Escuché la puerta cerrarse y Ben me soltó la mano como si le quemara, pero yo me quedé paralizada, de pie en medio de la habitación con un macho atractivo con el que quería juguetear y el único con el que no podía hacer nada. No hasta que todo aquello terminara, al menos.
—Voy a ducharme. Luna Sam nos dejó ropa para cambiarnos. —Y con eso desapareció, llevándose su calidez.
—Contrólate, Elara —me susurré, sacudí la cabeza y caminé hacia la cama donde, en efecto, habían dejado ropa para nosotros.
—¡Elara! ¡Atacaron a tu madre!
—¿¡Papá!? ¿Qué pasó?
—Salió a visitar a algunas de las familias jóvenes antes de que llegara la tormenta. Estaba bien cuando cruzó la puerta, y luego empezó a convulsionar. La sanadora la está atendiendo.
—¡Voy para allá!
—¡No! Tu madre estaría peor si supiera que estás viajando con este clima. Espera a que pase. Está estable, no hay nada que puedas hacer por ella todavía.

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