Ben
La luz en la escalera era tenue; se filtraba desde algún punto más profundo del sótano. No se oía nada, aunque eso no me sorprendía. La mayoría de los sótanos de las casas de manada eran insonorizados. No convenía asustar a los Omegas con los ruidos de un interrogatorio agresivo. Iba siguiendo el olor de Sam y Junior. No me pasó desapercibido que esos eran los únicos aromas frescos allí abajo. Escuché a Owen y Damon unos cinco pasos detrás de mí.
Cuando llegué al final de la escalera vi una especie de sótano de almacenamiento. No había nada superfluo. El nivel inferior era un espacio práctico para guardar alimentos durante los meses de invierno. Había puertas en cada pared de la habitación de tamaño mediano. Un forcejeo detrás de la más alejada me hizo casi salir corriendo hacia ella. Junior estaba en problemas, lo presentía.
Lo que vi al abrir la puerta me dejó helado. Luna Sam estaba sentada en un catre, con la espalda contra la pared y la cabeza inclinada hacia el techo con los ojos cerrados. Era obvio que llevaba días allí. En todo el tiempo que la conocía, jamás la había visto desarreglada, ni siquiera cuando estaba agotada y de luto por su compañero. Pero no retuvo mi atención por mucho tiempo; la jaula donde un lobo salvaje gruñía sin parar me robó toda la concentración.
—¿Junior? —susurré, y más que ver, sentí a Damon y Owen estremecerse a mi lado—. Viejo, ¿qué te pasó? —pregunté sin esperar realmente una respuesta.
Le faltaban partes de pelaje y parecía haber estrellado el cuerpo contra los barrotes sólidos de plata de la celda una y otra vez. Normalmente, los ojos de su lobo eran de un cálido color chocolate. En ese momento eran carmesí, cargados de odio. El lobo iba y venía sin parar. Parecía estar considerando algo. Copyright ©️ 2025 Miss L Writes and Ember Mantel Productions
—Lleva así un mes. —Me volteé al oír a Luna Sam hablar con voz rasposa y la vi inclinándose hacia adelante. Parecía no haber dormido en días. Tenía el cabello grasiento, recogido en un nudo desordenado en la nuca, y ojeras profundas.
Me acerqué despacio hacia ella, ignorando los gruñidos a mis espaldas.

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