Elara
—Oye, Junior. Pareces estar sintiéndote mejor... —empecé a saludarlo, pero me cortó.
—Me atacaron en mi propia manada mientras corría y me encarcelaron en mi casa y en mi cabeza durante un mes —siseó—. Sentirme mejor es lo que menos me importa. ¿Cómo te atreves a traerlos contigo?
—Necesitas calmarte, Alfa Cachorro. —Dejé que el insulto flotara en el aire—. No eres el único que ha sido atacado con magia. Tienes dos brujas del aquelarre justo a tu lado... estas son sus líderes. —Señalé a Marietta y Brianna. Iba a decir más, pero mi compañero, en toda su gloria protectora, apareció detrás de Malcolm.
—¿Qué pasó?
Su aura protectora emanaba de él en oleadas; la odiaba y me encantaba al mismo tiempo. Nadie me había dedicado su atención completa de esa manera... jamás. Era intenso, y solo se incrementaba conforme se acercaba. No me di cuenta de en qué momento quedó frente a mí, pero al mirar esos cálidos ojos marrones, sentí que algo se ablandaba en mi interior; entonces me regañé a mí misma y me erguí, recordando que nos estaban observando. Puso una mano cálida en mi hombro y ambos jadeamos. No era la sensación del vínculo de compañero, era algo diferente, pero me sentí increíble. Ben trastabilló; por reflejo le agarré los brazos.
—¿Por qué no me dijiste que te habían atacado? —susurró. Copyright ©️ 2025 Miss L Writes and Ember Mantel Productions
—¿De qué hablas? —No lograba soltarlo. Un zumbido había comenzado en mi cabeza otra vez, pero esta vez no era doloroso, era una ligereza.
Me arrancaron los brazos de Ben y mi loba gruñó bajo. No le gustaba nada que la separaran de su compañero.
—Ustedes dos pueden coger después. Quiero saber qué demonios está pasando en nuestras manadas. ¡Y lo quiero saber AHORA! —gruñó Malcolm.
Me volteé para encararlo, adoptando una postura defensiva y dejando que mi loba exhibiera su aura. Ningún Alfa Cachorro iba a pararse ahí a exigir nada. No llevaba mucho tiempo en esa posición y apenas había comenzado a entrenarse cuando asumió el mando.
—¡Basta! —Brianna no gritó, pero sus palabras fueron firmes—. Alfa Malcolm, no dejes que tu ira nuble tu juicio. Todos estamos aquí para trabajar juntos, para proteger a todos los que hemos sido elegidos para guiar y cuidar. Elara, ¿qué pasó recién con Ben?
—No lo sé. Me tocó y todo el dolor y las náuseas que sentía antes desaparecieron.
—Elara, pero mira a tu compañero. —Me concentré en Ben, que parecía a punto de vomitar.
—¿Él me lo absorbió? —Era la única explicación lógica—. ¿Cómo es eso siquiera posible?
—Creo que Ben funciona como un sifón para tu dolor y tus heridas. Parece ser capaz de extraer lo que está diseñado para hacerte daño. —El corazón se me detuvo con las palabras de Brianna.

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