Ryker
Por mucho que me molestara que mi Beta, mi Gamma y mi Delta estuvieran metidos con sus parejas y descuidaran sus obligaciones, estaba disfrutando de la paz de correr a solas por mi territorio.
Sentía la tierra mojada en mis patas y era increíble; la forma en que mis músculos se estiraban y se tensaban a aquella hora eliminaba cualquier rastro de estrés que tuviera acumulado.
Correr así me permitía despejar la mente y pensar. Tenía que controlar a Claude y me temía que la única solución era que regresara con la Diosa de la Luna. Pero si tenía a demasiada población bajo su control en aquella zona, eso podría provocar un levantamiento e inocentes acabarían heridos o muertos.
Esperaba que Robin pudiera ayudarme a sacar a la luz a los involucrados más importantes para que pudiéramos unirlos a nuestro bando o encargarnos de ellos juntos. Quería darles un escarmiento ejemplar y que vieran lo que pasaba cuando alguien se metía conmigo y con mi manada.
También tenía que resolver aquel asunto de mi compañera. En serio necesitaba hablar con Jeremiah para que me contara más sobre ella. No parecía tener ningún tipo de marca o sello de manada, así que no sabía si podía usar el enlace mental o no. Aunque aquella noche no estaba muy concentrado en buscar esos detalles, se me pudieron haber pasado por alto.
Y eso me hacía preguntarme. Si no era un miembro oficial de la manada, ¿cómo y por qué era una guerrera? Si llegaba a pasar, no podría pedir ayuda. Era obvio que no podía transformarse y eso también era una desventaja. ¿Cómo había logrado entrar en aquella manada y subir de rango hasta ser guerrera y amiga del futuro Alfa?
Me detuve unos momentos cada vez que llegué a una frontera entre dos manadas. Me gustaba observar los límites y revisar si habían cambiado. Los conflictos por el territorio eran lo peor y lo más fastidioso, considerando que toda la tierra era mía y no de ellos.
Tenía que empezar a construir una escuela y un hospital en aquellas divisiones y hacer que ambas manadas tuvieran acceso, solo para que les quedara claro mi punto. Aunque no todas las manadas que había absorbido eran malas.
Había tres que habían empezado a convivir y, con el territorio más grande, muchos más estaban encontrando a sus compañeros destinados y las comunidades estaban prosperando. Solo tenía que lograr que el resto de aquellos estúpidos cooperaran.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Luna no deseada por el Alfa