Ben
—Entonces no podemos tocarlos, no podemos matarlos. ¿Qué carajos se supone que hagamos? —Jason me gruñó mientras revisábamos la zona.
No había otras amenazas y esos enemigos en cámara lenta no avanzaban mucho, pero nosotros tampoco. No sabía si alguna vez había estado tan frustrado, y tenía por compañera a una Alfa terca, obstinada y autosuficiente.
Di unos pasos hacia adelante y caí de rodillas. La presión en mi cabeza era insoportable. Más destellos de desconocidos muriendo y desangrándose en el suelo. Luego, un pensamiento.
“No derrames sangre inocente”.
Tan rápido como empezó, la presión desapareció.
—¿Sangre inocente? —pregunté en voz alta, y Jason me agarró del hombro.
—¿Ahora de qué balbuceas? —preguntó mientras me ayudaba a incorporarme.
Trastabillé y me apoyé en él para mantenerme en pie. Lo miré a los ojos.
—Son inocentes, o la mayoría lo son. No podemos derramar sangre inocente aquí. Es lo único que sigo recibiendo de esta magia. Nada de sangre inocente. Debe de ser algo que ella necesita o quiere. No podemos hacerles daño si son inocentes, si no eligieron esto.
—Bueno, esa parte tiene sentido —refunfuñó Jax desde el suelo—, pero ¿cómo los ayudamos, o los detenemos, o lo que sea que se supone que debamos hacer si ni siquiera podemos tocarlos? —Se frotó la cabeza para darle énfasis.
Empecé a pensar en voz alta. Hasta el momento, trabajar juntos era lo que nos había mantenido a salvo y con vida. Cada vez que alguno intentaba algo por su cuenta, salíamos lastimados.
—Eliza debe de tener algún tipo de escudo o protección sobre ellos, pero ¿por qué? Si quiere que les hagamos daño, ¿no los querría vulnerables? La Fisura quiere que los capturemos, pero no podemos tocarlos, y está claro que nos faltan detalles muy importantes que nadie tiene ni puede darnos. ¡Agh!

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