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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 108

Magdalena estaba de espaldas a su madre adoptiva.

Al escuchar esas palabras a su favor, le dedicó a Josefina un levantamiento de cejas cargado de burla.

Las manos de Josefina se cerraron en puños y su rostro se desfiguró de la rabia. Sin embargo, hizo acopio de toda su fuerza de voluntad para no explotar. ¡Aquella estúpida lo estaba haciendo a propósito!

Al ver que no estallaba, Magdalena se sintió un tanto decepcionada.

«Vaya, la princesita ya aprendió a aguantar», pensó con sorna.

En cuanto abandonó la habitación, Josefina se dirigió a Jimena:

—Tanto que la defiendes, ¿no será que ella es tu verdadera hija de sangre?

—¡No digas barbaridades! —la regañó Jimena, arrugando la frente—. Mi única hija de sangre eres tú, pero ni pareces mía, porque te falta toda la bondad, empatía y sensatez del mundo. Magda lleva años viviendo bajo nuestro mismo techo, ¿por qué te la tienes que pasar haciéndole la vida imposible?

—En la casa siempre fui solo yo. Ustedes me consentían y me daban absolutamente todo lo que pedía. Y un buen día aparece alguien más para quitarme mi lugar... ¿Por qué tendría que haberlo aceptado de brazos cruzados? Cuando se les ocurrió la brillante idea de adoptarla, ¿acaso me preguntaron si estaba de acuerdo?

Josefina se quedó mirando fijamente a la mujer en la cama.

—¿Acaso les faltaban hijas? ¿Por qué fregados trajeron a alguien que encima era mayor que yo?

Ese siempre había sido el mayor misterio de su vida.

¿A santo de qué?

La repentina aparición de Magdalena en la casa había puesto su vida de cabeza.

El amor incondicional de sus padres se desvaneció de la noche a la mañana.

Sus juguetes favoritos acabaron en las manos de una extraña.

La tildaron de ser una niña consentida y malcriada.

¡Pero todo eso era suyo desde el principio!

Magdalena había llegado a robarle su mundo. ¿Acaso no tenía derecho a enfurecerse y reclamar?

—Ay, hija...

—Andrés, ¿qué significa todo esto? —preguntó Jimena, totalmente desconcertada al ver a tanta gente de golpe.

Andrés se mantuvo sereno.

—Ya lo he pensado bien. Voy a transferirle un cinco por ciento de las acciones de Grupo León a Magda. Lleva años sufriendo con nosotros, así que tómalo como una pequeña indemnización por sus sacrificios. ¿Qué opinas?

Jimena abrió mucho los ojos.

—Pero...

¡Aquel golpe había sido demasiado repentino!

Instintivamente, volteó a ver a Josefina; en efecto, su hija tenía un semblante espantoso, se mordía los labios para no gritar y tenía los ojos enrojecidos a punto de estallar en llanto.

Jimena dudó unos segundos y añadió:

—Andrés, las cosas no se hacen solo porque sí, esto tiene que ser aprobado por la junta directiva. Además, no se te olvide que Jose aún no recibe ni un peso de sus propias acciones.

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