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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 107

Y ahora, el muy cabrón venía a decirle que no sabía nada y que tenía que investigarlo.

Josefina se aferró al cinturón de seguridad con todas sus fuerzas.

—Si en verdad no sabías nada —preguntó con la voz reseca—, ¿entonces por qué no dudaste de mí cuando te lo conté la primera vez?

—Eso no importa.

De pronto, Benjamín la tomó de la mano y la miró fijamente.

—Ya pasó, es cosa del pasado. Carece de importancia.

Con los ojos empapados en lágrimas, ella se le quedó viendo.

—¿Cómo no va a importar? Magdalena quiere arrebatármelo todo, hasta quiere quitarme el mérito por haberte salvado. ¡Por supuesto que importa, Benjamín!

Él frunció el ceño.

—Incluso si hubiera sido ella la que me salvó, mis sentimientos no cambiarían.

«¿De verdad cree que solo estoy con ella por un simple sentimiento de deuda?».

De ser así...

¿Qué clase de tipo creía ella que era?

—¡La que te salvó fui yo!

Josefina retiró su mano de un tirón, manteniéndose obstinada.

—Benjamín, escúchame bien. Fui yo quien te sacó de ahí, ¡te lo juro que no fue ella! ¡Todo es una mentira para robarme lo que me pertenece, como siempre!

Estaba a punto del colapso; la humedad en sus ojos se desbordó en lágrimas que resbalaban por sus mejillas, ofreciendo una escena tan lamentable que le rompería el corazón a cualquiera.

—Está bien, fuiste tú, no voy a investigar nada. Te creo —concedió Benjamín, intentando calmar su rabieta.

Josefina simplemente apartó la mirada y contempló la oscura noche por la ventana, sintiendo que todo era una completa locura.

Su padre estaba a punto de entregarle las acciones de Grupo León a una hija adoptiva.

Y, para colmo, esa perra de dos caras se atrevía a decir que había salvado a Benjamín.

Sentía que estaba inmersa en una terrible pesadilla.

Sin embargo, la cruda realidad le recordaba que no era ningún sueño.

Abrió la puerta del coche, se bajó y caminó hacia el interior de la privada sin molestarse en voltear atrás.

Benjamín no hizo ademán de bajar ni la siguió con la mirada. Después de un prolongado silencio, sacó su celular y marcó el número de su secretario, Valentín.

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