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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 113

—Escuchaste muy bien lo que dije —contestó Benjamín con un tono grave y calmado.

—No —Magdalena apretó los dientes—. Solo tengo a Alberto, es mi hijo. No me lo puedes quitar.

Él la miró de reojo.

—Pero me parece que ahora ya no tendrás tiempo para cuidarlo.

—Sí lo tendré, yo me puedo hacer cargo de él —dijo ella con desesperación—. Benjamín, no me hagas esto. Es el único hijo que me queda de Diego. Si me lo quitas, me muero.

Benjamín no respondió.

Poco después de la muerte de Diego, Magdalena había viajado al extranjero para despejarse y allá descubrió que estaba embarazada; se alegró muchísimo.

Puso toda su ilusión en ese bebé.

Él lo sabía perfectamente.

La mirada de Benjamín se volvió más severa.

—Ahora trabajas en la agencia de doblaje, y tu papá te va a dar acciones para abrir otra empresa. Aunque solo sea por aparentar, tendrás que ir seguido. Vas a estar ocupada y no podrás lidiar con el trabajo y la familia a la vez.

Su tono era suave, pero llevaba una firmeza que no admitía réplicas.

—Tienes que elegir una de las dos.

Magdalena apretó los puños.

—Benjamín, ¿por qué me haces esto?

Él respondió con total calma:

—Solo quiero que Alberto crezca en un ambiente donde se sienta querido. Que sepa que, aunque ya no tenga papá, hay mucha gente que lo ama. No quiero que pase su infancia encerrado en una casa inmensa, creciendo en la soledad.

¡Magdalena estaba que se la llevaba el diablo!

¡Benjamín la estaba forzando a renunciar a las acciones del Grupo León!

¡Al fin entendía cuál era su jugada!

¡Estaba usando a su propio hijo para chantajearla y defender a Josefina!

Magdalena respiró profundo antes de contestar.

Desde la sala de control, observó a Josefina a través del cristal.

Se veía muy concentrada, transmitiendo la emoción exacta para darle vida al personaje a la perfección.

Benjamín se quedó contemplándola un rato, cada vez más embelesado.

Cuando Rodrigo entró y lo vio así, no pudo evitar preguntarse:

«¿A cuál de las dos querrá? Llegó con Magdalena, pero luego luego viene a buscar a Josefina. Antes hasta metió a Magdalena a trabajar aquí y nos invirtió lana. Ay, estos ricos sí que saben divertirse... ¿Con que le trae ganas a las dos hermanas?».

De cualquier forma, no era su asunto; mientras no le afectaran el trabajo de la empresa, a él le daba igual.

Justo en ese momento, sonó el celular de Benjamín. Lo revisó y vio que era su madre.

Salió de la sala de control para contestar.

—Bueno, mamá.

Se escuchó el tono frustrado de Teresa.

—Benjamín, ¿qué le hiciste ahora a Jose? Me acaba de marcar diciendo que se quiere divorciar de ti. Me soltó todo un rollo de que no nos ha fallado en estos años y que no deberíamos tratarla así. Ay, por favor... dime, ¿qué fregaderas hiciste esta vez?

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