—Esto... —El rostro de Jimena reflejó cierta duda.
—¿Algún problema? —Benjamín arqueó levemente una ceja—. Magdalena es solo la hija adoptiva de la familia León y aún así recibirá acciones del grupo. ¿Por qué Jose no? ¿Acaso es cierto lo que ella dice y ustedes tienen a su preferida?
Al escuchar ese reclamo por parte de su yerno, los señores León se sintieron avergonzados.
Andrés le lanzó una mirada sombría y respondió:
—Sacar tantas acciones de golpe no será fácil de justificar ante la junta directiva.
—Eso tiene fácil arreglo —dijo Benjamín con tono casual—. Para poner a prueba sus habilidades, pueden abrirles una empresa a cada una para que ganen experiencia. Así nadie tendrá motivos para quejarse.
Daba igual si Josefina o Magdalena sabían administrar un negocio, siempre podían contratar a un director ejecutivo que se encargara.
Andrés se quedó callado por completo.
Jimena miró a Benjamín con una expresión indescifrable y luego comentó:
—La verdad, es una buena alternativa.
Andrés lo pensó unos segundos y asintió.
—De acuerdo. —Miró a su secretario—. ¿Tomaste nota de todo?
—Sí, señor, ya lo tengo —asintió el secretario.
—Entonces encárgate de eso —ordenó Andrés.
El hombre se dio la vuelta y salió del lugar.
Magdalena se quedó a un lado, muerta de coraje.
No solo le habían reducido el cinco por ciento inicial a un tres, ¡sino que ahora Josefina también tendría acciones del Grupo León, y en mayor cantidad que ella!
¿Qué demonios pretendía Benjamín?
¿Acaso no quería pagarle el favor que le debía?
Ocultando su molestia, Magdalena lo miró y le dijo:
—Benjamín, no pensé que protegieras tanto a Jose. Incluso sabiendo que mintió, no cambiaste de opinión. Lástima que ella te entendió mal, ¿qué vas a hacer ahora?
Benjamín le dedicó una mirada fría y le contestó:
—De mis problemas con ella me encargo yo, ustedes no se metan.
Hizo una pausa y añadió:
—Vamos, Magdalena, te llevo a tu trabajo. Aquí ya hay una enfermera cuidándolos.

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