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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 128

Josefina apretó los labios con fuerza.

La vía legal para conseguir el divorcio le había sido bloqueada.

¡¿Qué diablos tenía que hacer para separarse de ese hombre?!

Josefina sentía un terrible dolor de cabeza y se quedó unos minutos frustrada en silencio.

Ya por la tarde, recibió una llamada de Silvia.

—La subasta es esta noche, Jose. ¿Ya estás lista?

—Sí, ya tengo todo preparado —confirmó Josefina.

—Perfecto, paso por ti más tarde.

—Sale, aquí te espero.

Josefina salió temprano del trabajo y se dirigió directamente al recinto donde se llevaría a cabo el evento.

El salón era enorme y la mayoría de los invitados ya estaban ahí. En el escenario, el presentador daba los últimos retoques, mientras todos los secretarios hojeaban los catálogos del evento.

Silvia revisó el folleto, deteniéndose en la imagen de los aretes de zafiro.

—El precio de salida es de tres millones de pesos, con pujas de medio millón. Si no hay imprevistos, te los llevas por menos de ocho millones.

Josefina también mantenía la vista fija en el catálogo, con una determinación inquebrantable en la mirada.

En ese momento, un súbito revuelo recorrió el lugar.

Las dos mujeres giraron la cabeza, confundidas, justo a tiempo para ver entrar a Benjamín. Llevaba un traje negro a la medida que resaltaba su imponente porte, derrochando elegancia y poder con cada paso que daba.

Magdalena iba colgada de su brazo, luciendo un vestido de noche negro y exhibiendo una sonrisa refinada y serena.

—¡Par de cínicos! —masculló Silvia sin poder contener su desprecio al verlos.

Josefina, en cambio, arrugó el folleto entre sus manos. Un mal presentimiento se apoderó de ella.

¿Qué hacía él en ese lugar?

Y lo que es peor, ¿por qué venía acompañado de Magdalena?

Silvia no paraba de despotricar:

—¡No manches! ¿A dónde quiera que vamos nos topamos con esta gente? Parecen garrapatas.

Josefina le tomó la mano a su amiga.

—¿Qué demonios hacen aquí? —preguntó con la voz tensa.

—¡Quién sabe! Han de tener mucho miedo de que el mundo no se entere de lo suyo y por eso andan presumiendo su teatrito en todos lados.

Josefina no respondió; sus ojos se fijaron en Benjamín con una mezcla de confusión y dolor.

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