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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 127

Benjamín azotó el vaso frente a él. El golpe resonó seco y agudo sobre la mesa.

La mirada del hombre se volvió aún más fría. Clavó los ojos en Emiliano con rabia.

—Si la ayudas a ella, ¿dónde quedo yo?

Emiliano, como si fuera inmune a su furia, se encogió de hombros.

—¿No tienes a Magdalena para consolarte?

El rostro de Benjamín se ensombreció por completo.

—Parece que ya te cansaste de vivir.

—Benjamín, estás tan acostumbrado a que todo te salga a pedir de boca —dijo Emiliano, esbozando una media sonrisa—. El amor que Josefina te tiene te hizo creer que nunca te dejaría, sin importar lo que hicieras. Pero ella es humana, piensa y siente. Sabes perfectamente que la relación entre ella y Magdalena es tensa, y aun así la ignoras olímpicamente y sigues viendo a Magdalena. ¿Crees que eso no le duele?

Hizo una pausa y dejó escapar un suspiro.

—Los conozco a los dos, pero considero que debo apoyar a la persona que está sufriendo las injusticias. Si no, cualquiera podría pisotearla. ¿No crees que ya es bastante lamentable su situación?

—Es la mujer de Benjamín Gutiérrez. ¡Nadie se atrevería a ponerle un dedo encima! —espetó Benjamín con prepotencia—. Lo que pase entre ella y yo no es asunto de nadie más. Emiliano, nos conocemos desde hace años. No me obligues a destruirte.

La sonrisa de Emiliano se borró por completo.

—¿Y si decido meterme de todos modos?

—Inténtalo si te atreves.

Ambos hombres cruzaron miradas desafiantes. Cualquier rastro de camaradería se esfumó, dejando una atmósfera cargada de tensión que casi echaba chispas.

Tras unos instantes, Emiliano rompió el silencio:

—Con esa actitud, lo único que vas a lograr es alejarla para siempre.

—Eso no es asunto tuyo.

Emiliano tomó el vaso que tenía enfrente, se lo bebió de un trago y se levantó para irse sin mirar atrás.

Benjamín se quedó bebiendo, sirviéndose una copa tras otra, con la mirada cada vez más fría e inescrutable.

En ese momento, comenzó a sonar su celular. Al sacarlo, vio que la llamada era de Magdalena.

—Bueno, Magdalena.

—Benjamín, quiero pedirte un favor enorme —se escuchó la voz vacilante de la mujer del otro lado.

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