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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 146

Alberto ya se había quedado dormido en los brazos de Benjamín.

Al bajar del coche y caminar hacia la villa, de repente recordó algo y le dijo a Valentín:

—Lleva a Magdalena a su casa.

—Sí, señor —respondió Valentín.

Magdalena, que estaba a punto de seguirlos, se quedó paralizada al instante.

—Benjamín, ¿qué... qué quieres decir con esto?

Dio un par de pasos hacia adelante, llena de ansiedad.

—Si Alberto despierta y no me ve, se va a poner a llorar. Tengo que quedarme a su lado.

Benjamín le lanzó una mirada gélida y habló con un tono desprovisto de cualquier calidez:

—Si llora, te lo mandaré de regreso para que te busque.

Magdalena apretó los puños de golpe.

¡Pensaba que esta noche por fin podría quedarse a dormir allí!

—Señora Magdalena, por favor —indicó Valentín, abriéndole la puerta del coche a un lado.

Pero Magdalena se quedó plantada en su lugar, con terquedad.

—No me voy a ir, voy a esperar a que despierte mi hijo.

Valentín miró a Benjamín con evidente apuro.

Benjamín apartó la mirada y dijo con indiferencia:

—Haz lo que quieras.

Acto seguido, entró al patio de la villa.

El portón principal se cerró tras él.

Magdalena se quedó afuera, excluida.

Los guardaespaldas se retiraron uno tras otro, y pronto el entorno quedó en completo silencio.

Ya era muy tarde en la noche, cada vez hacía más frío y la humedad aumentaba.

Magdalena temblaba de frío y tenía las manos apretadas en puños. No podía irse; si lo hacía, de seguro Benjamín le quitaría la custodia de Alberto a la fuerza.

Jamás permitiría que algo así pasara.

Magdalena bajó la mirada. Solo esperaba que su querido hijo no la defraudara.

***

Al día siguiente, Josefina llegó a la empresa. Mauro, que traía una bandita en la frente, se le acercó en cuanto la vio.

—¿Cómo estás? —le preguntó.

Ella sonrió levemente y negó con la cabeza.

Josefina ojeaba su guion; todo ese asunto no tenía nada que ver con ella.

La noche anterior, Benjamín se había ido tras recibir una llamada de Magdalena, y hoy ella ni sus luces. Vaya coincidencia...

Seguro ya estaban disfrutando de su tiempo a solas, ¿no?

Ah, no, más bien de su vida feliz como una familia de tres.

Josefina esbozó una sonrisa burlona, tomó el vaso de agua que estaba a un lado y le dio un sorbo.

En ese momento, sonó su celular. Lo sacó para ver la pantalla: era el número de Benjamín.

Rechazó la llamada directamente y bloqueó el contacto.

Sin embargo, poco después, alguien tocó a la puerta del estudio.

—Josefina, te buscan allá afuera.

Josefina frunció el ceño. Se levantó, salió del estudio y enseguida vio a Benjamín de pie junto a su lugar de trabajo.

¡De verdad había ido hasta ahí!

¿Que no se había ido a buscar a su precioso sobrinito?

¿A qué venía a interrumpir su trabajo?

Muy molesta, Josefina le lanzó una mirada fulminante y caminó directo hacia la salida.

Benjamín se enderezó y la siguió.

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