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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 194

Al ver su apuesto rostro volverse sombrío, el humor de Josefina mejoró un poco. Preguntó:

—Entonces, ¿ya me puedo ir?

Benjamín la miró fijamente con sus ojos oscuros y profundos.

—No.

Pero Josefina ya se había levantado y caminaba hacia la puerta.

No iba a martirizarse; ya había cenado bien y no pensaba quedarse.

Un guardaespaldas extendió el brazo para detenerla, pero ella siguió avanzando, a punto de chocar con él.

El guardia se asustó y retiró la mano de inmediato. Una cosa era cerrarle el paso a la señora, ¡pero si la tocaba, se quedaría sin mano!

Josefina salió de la casa a paso rápido.

El guardaespaldas miró con cautela al hombre que estaba en la sala.

Benjamín se limitó a clavar la vista en la espalda de ella, y ordenó con voz fría y grave:

—Sigan vigilándola de cerca.

—Sí, señor.

Se hizo un silencio tenso en la sala.

Al ver que nadie la seguía, Josefina suspiró de alivio y su cuerpo tenso por fin se relajó.

La noche caía y las luces de la ciudad comenzaban a encenderse.

Pidió un Uber, y al llegar a casa, revisó su celular; descubrió que el nombre del grupo de trabajo había cambiado.

El gerente del proyecto anunciaba que la empresa había sido comprada.

Ahora, Río Claro VoiceWorks se había convertido en el departamento de audios y medios del Grupo Gutiérrez.

Josefina frunció el ceño. ¿Qué mosca le había picado a Benjamín?

¡De la nada compraba su compañía de doblaje!

Rodrigo también le mandó un WhatsApp.

[Nos compraron la empresa, pero el proyecto tiene que seguir. Aún nos falta grabar la mitad de la serie, ni se te ocurra renunciar].

Parecía que le había leído la mente, cortándole las alas antes de intentar algo.

Josefina le respondió con un simple «De acuerdo», y guardó el celular.

—Oficial, mi hija vive aquí. Solo vine a ver a mi hija.

El policía frunció el ceño.

—Recibimos un reporte de intento de allanamiento. ¿De verdad es usted el padre de la señorita?

Andrés asintió.

—Así es. ¿Quiere que vaya a mi casa por mi identificación? Mi hija no me ha abierto y tengo miedo de que le haya pasado algo. Qué bueno que llegó, oficial, ayúdeme a que abra, estoy muy preocupado por ella.

Mientras hablaba, sacó su credencial.

Además, llamó por celular al mayordomo de su casa para que le mandara una foto de sus otros documentos y probar quién era.

El oficial revisó la credencial y sus dudas se disiparon.

—¿Seguro que está en casa?

—Sí, pero tuvimos una pelea... —Andrés suspiró con dramatismo—. Tiene un carácter muy caprichoso y, en cuanto nos peleamos, corta el contacto con la familia. No me quedó de otra que venir a buscarla, pero ni siquiera me abre. Dígame, oficial, ¿qué más puede hacer uno como padre?

Andrés se la pasó quejándose, fingiendo estar exhausto por la actitud de Josefina.

El policía ya no dijo más, simplemente se acercó y tocó la puerta.

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