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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 197

—Benjamín... yo... no sé por qué Josefina me hace esto, ¡te juro que no le he hecho nada! —lloriqueó Magdalena de inmediato, arrinconándose contra la cabecera y mirando a Josefina con fingido terror.

—¡Miserable! ¡Esta bestia intentó matarla, veo que no le pegué lo suficiente! —rugió Andrés fuera de sí.

Jimena se tapó la boca, con pánico en los ojos.

—Jose, ¿cómo pudiste intentar algo así?

Todos se volcaron en atacar a Josefina.

Ella, sin embargo, siguió la línea del brazo que la sujetaba hasta toparse con el rostro del recién llegado.

Los rasgos perfectos e imponentes de Benjamín estaban completamente rígidos; sus oscuros ojos no reflejaban ni rastro de emoción.

—Jose, no hagas eso —le advirtió él, con voz profunda.

Josefina abrió la boca para justificarse, pero todo le dio vueltas de repente y terminó desmayándose.

Benjamín la atrapó al vuelo antes de que cayera.

Con cuidado de no rozar la espalda herida, salió de zancada rápida de la habitación para conseguir a un médico.

—Papá, mamá, me queda claro que ya no tengo lugar en la familia León. Los malentendidos con Josefina no paran de empeorar, ya ni sé qué hacer. Lo mejor será volver a usar el apellido Salinas... y... creo que ya no podré visitarlos. Me encantaría cuidarlos de viejos en agradecimiento por todo lo que hicieron por mí, pero es que tampoco me quiero morir... —Magdalena rompió en un llanto histérico, con el papel de víctima a flor de piel.

Andrés torció el gesto.

—Ni digas locuras. La única rebelde que no respeta a nadie es ella. Te voy a transferir otros diez millones a la cuenta; descansa tranquila, yo pondré seguridad para que te cuiden. Nada te va a pasar.

Jimena pareció regresar a la realidad. Recogió el cuchillo del suelo y trató de tranquilizar a la joven.

—Magda, perdóname por favor, yo te pido una disculpa a nombre de Jose, no la odies. Ella... ella solo está muy confundida y actuó sin pensar. ¡Te aseguro que no se repetirá!

Magdalena no dijo nada, simplemente lloró con más fuerza.

A Jimena se le hizo un nudo en la garganta y la abrazó.

Andrés, por su parte, dio media vuelta y salió al pasillo.

—No solo es su hija, es mi esposa, es la señora Josefina. ¿Con qué derecho se atrevió a ponerle una mano encima?

A Andrés se le borró la actitud y, acto seguido, se enfureció aún más.

—¡Benjamín, soy tu suegro! ¿Qué tiene de malo que eduque a mi propia hija?

Benjamín no dejaba de mirarlo como a una presa.

—En cuanto despierte, le va a pedir una disculpa.

—¡No me jodas! —Andrés soltó una carcajada burlona—. Desbarató a Magda, no quiere disculparse ¡y todavía trató de asesinarla! ¡Tú viste todo eso y aun así te pones de su lado!

—¿Entonces no se va a disculpar? —Benjamín sentenció con una gravedad lapidaria—. Prepárese, entonces, para cargar con las consecuencias.

Andrés rio incrédulo.

—Benjamín, ¿ya te volviste tan loco como ella? ¿Qué no te importaba tanto Magda?

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