—¿No encontraste nada? —preguntó Josefina, sorprendida—. ¿Cómo es posible?
Silvia se rascó la cabeza y dijo:
—Yo también estoy sacada de onda. Entró al orfanato a los diez años, de eso sí hay registro, y a los doce fue adoptada por tus papás. Pero antes del orfanato no hay absolutamente nada. Su historial está en blanco, como si alguien lo hubiera borrado a propósito.
Josefina sintió un vacío en el estómago; el pasado de Magdalena había sido borrado.
¿Por qué lo borrarían?
¿Acaso había algo turbio que esconder?
O tal vez, ¿querían encubrir algo en específico?
—Mis habilidades tienen un límite, esto es todo lo que pude encontrar —comentó Silvia.
—Ya hiciste un gran trabajo —la consoló Josefina con una sonrisa—. No le muevas más.
Temía que si seguía investigando, Silvia pudiera correr peligro.
—Mjm —asintió Silvia. En ese momento estaba recostada boca abajo en la cama, apoyando la barbilla sobre el dorso de su mano, aún con cara de duda—. ¿Quién crees que sea realmente Magdalena? Tus papás la tratan súper bien y su pasado está oculto, qué misterio.
Josefina bajó ligeramente la mirada.
—No lo sé.
Si lo supiera, no estaría tan confundida en este momento.
Silvia soltó un bostezo.
—Ay... parece que llegamos a un callejón sin salida. Pero no te estreses de más, la verdad siempre sale a la luz.
—Sí, lo sé. Ya descansa si estás cansada.
—Sale, buenas noches, nena.
—Buenas noches.
Tras colgar la llamada, Josefina se quedó sentada al borde de la cama, con una expresión perdida.
Era seguro que Andrés y Jimena conocían el pasado de Magdalena.
Entonces, ¿fueron ellos quienes borraron esos registros?
¿Por qué harían algo así?
No lograba entenderlo.
Pero en ese momento, tampoco tenía la energía para ir a preguntarles.
Ya se había hecho una prueba de ADN con Jimena y los resultados no tardarían en salir.
Sintió un nudo en la garganta. Intentó no darle más vueltas al asunto, destapó la cama y se acostó a dormir.
Al día siguiente.
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