El rostro de Emiliano seguía sin color y tenía la voz ronca; hasta respirar le causaba dolor.
Sin embargo, al ver la confusión en sus ojos, sintió una punzada en el pecho y le contestó:
—Soy una persona muy terca. Cuando empiezo algo, no me echo para atrás fácilmente. Así que tú tampoco pienses en rendirte. Si de verdad quieres esto, te ayudaré a conseguirlo.
Pero a Josefina no le quedaba una sola gota de voluntad para luchar. Todo lo ocurrido ese día le había dejado una cosa clara: ella no tenía forma de ganarle a Benjamín.
Es más, si lo llevaba al límite, él arrasaría con todo sin pensarlo dos veces.
Y entonces terminaría arrastrando a más personas inocentes.
Estaba muy angustiada por Emiliano.
Pero la determinación de él era inquebrantable.
Y eso la dejaba sumida en una profunda confusión.
Josefina se tapó la cara con las manos, invadida por la derrota y la impotencia.
—Ay, Dios... —Emiliano dejó escapar un suspiro—. Josefina, ¿de verdad quieres retirar la demanda, ceder ante él y volver a la vida miserable que tenías antes?
Empezó a describirle cómo sería su futuro, hablando lentamente.
—Se la pasará oscilando entre ti y Magdalena. Pondrá siempre a Alberto en primer lugar. Tú nunca dejarás de ser su plato de segunda mesa. ¿De verdad es esa la vida que deseas?
Josefina respiró hondo y bajó las manos. Sus grandes ojos claros estaban enrojecidos, pero ahora brillaba en ellos un destello de firmeza.
—Está bien. Te haré caso.
No daría marcha atrás.
Emiliano le regaló una sonrisa de satisfacción.
—No me estás haciendo caso a mí, te estás manteniendo firme en lo que tú quieres. Josefina, nunca dejes de ponerte en primer lugar.
El corazón de Josefina se conmovió profundamente, y al cabo de unos segundos añadió:
—De todos modos, necesito pedirte perdón.
—Vale, lo acepto y te perdono —sonrió Emiliano—. Pero ahora estoy agotado. Quiero dormir un rato.
—Claro, ya no haré ruido.
—Vete a tu casa, no me dejas descansar bien si te quedas aquí —le pidió, prácticamente corriéndola de la habitación.
Josefina vaciló un momento.
—Pero no me siento tranquila dejándote solo.
Emiliano la miró con cara de incredulidad.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte