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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 238

Agarró la última botella de tequila y volvió a beber.

Sin embargo, ya había ingerido demasiado. Desde la garganta hasta el esófago, y directo en el estómago, sentía que se quemaba por dentro.

Al dar el primer trago, no pudo contenerse y las arcadas regresaron.

Su mirada estaba desenfocada y su cuerpo se tambaleaba cada vez más.

Al ver esa escena, el rostro de Josefina se llenó de terror y pánico.

—¡No, no puedes seguir tomando! Te va a dar algo, yo...

—No te... —Emiliano sacudió la cabeza con brusquedad—. Estoy bien.

Trató de recuperar el aliento y continuó bebiendo.

—¡No, ya no tomes más! ¡Por favor! —Josefina empezó a forcejear con todas sus fuerzas.

La sombra en el rostro de Benjamín se volvió aún más densa. La inmovilizó y le advirtió con voz grave:

—Si vas tras él, te aseguro que hoy no saldrá vivo de esta habitación.

Josefina giró la cabeza de golpe para mirarlo. Un torbellino de emociones cruzó por sus ojos durante un largo rato antes de poder hablar:

—Benjamín, no lo trates así... Ustedes se conocen desde hace años, ¿no eran amigos?

Su actitud se ablandó; le estaba suplicando.

Pero ella se negaba a darle la respuesta que él tanto deseaba escuchar.

Los ojos oscuros de Benjamín se volvieron extremadamente gélidos.

—Se fue del país antes de terminar la universidad. Apenas y éramos conocidos —respondió con desdén.

Luego, una sonrisa ladeada y cínica se formó en sus labios.

—Pero, por lo que veo, parece que le tienes más cariño a él que a mí.

Josefina le agarró la mano.

—Te lo ruego, ya no lo tortures más. Se va a poner muy grave...

Aunque su tono era dócil, él no se sintió halagado; al contrario, su expresión se endureció todavía más.

—¿Me estás suplicando por él?

—Sí, te lo suplico.

Josefina negaba frenéticamente con la cabeza.

—Te lo ruego, Benjamín, por favor para. Me iré contigo a Residencial Valle Niebla esta noche, ¿está bien?

¡Ja!

Estaban a un paso de llegar a los tribunales, ¿y ahora le salía con que volvería con él a Residencial Valle Niebla?

¿Creía que podía tomarle el pelo de esa manera?

Las lágrimas rodaban por sus mejillas. Se sentía profundamente culpable y devastada.

—Josefina —se escuchó la débil voz de Emiliano.

Salió de su ensimismamiento de golpe y se apresuró al lado de la cama.

—¿Cómo te sientes? —le preguntó.

—Hierba mala nunca muere —bromeó él con una mueca. Aunque por su palidez, la sonrisa se veía muy forzada.

—Todo es mi culpa. —A Josefina se le quebró la voz—. Yo... mejor retiro la demanda.

Emiliano la miró con cierta exasperación.

—Si la retiras, ¿entonces mi viaje al hospital habrá sido en vano?

—Pero... —Josefina seguía aterrada—. ¿Y si sigue yendo tras de ti?

—Tampoco es como si pudiera matarme —respondió Emiliano sin darle importancia.

Josefina se quedó pasmada un instante antes de preguntar:

—Emiliano, ¿por qué te arriesgas tanto por mí?

Apenas eran amigos, y lo que estaba haciendo rebasaba por mucho los límites de una simple amistad.

Se sentía completamente abrumada.

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