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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 241

Josefina respiró hondo y dijo: —La verdad es que anoche me sentía mal.

—¿No fue porque no querías verme?

Benjamín la miró fijamente con sus ojos oscuros y penetrantes.

«Je, lo sabes perfectamente y aun así preguntas», pensó ella con ironía.

Emiliano seguía muy débil y no aguantaría más estrés. Josefina contuvo su enojo y le preguntó: —¿Necesitas algo más?

—Vine a verlo.

Benjamín levantó levemente la barbilla, señalando al hombre al que ella protegía a sus espaldas.

Una chispa de burla cruzó por los ojos de Josefina. ¿Acaso él tendría la buena intención de visitar a Emiliano?

Lo más probable era que viniera a comprobar si Emiliano seguía vivo.

Emiliano, que acababa de terminarse un tazón de avena, dejó escapar un suspiro de alivio y luego habló: —Si sigues pensando en lo mismo, te sugiero que te quites esa idea de la cabeza. No voy a cambiar de opinión.

La mirada de Benjamín se volvió más fría. —¿De verdad no le tienes miedo a la muerte?

Emiliano lo miró con una sonrisa a medias. —Si de verdad acabas conmigo, cualquier posibilidad entre tú y ella se esfumará para siempre.

¿Quién se atrevería a mantener un matrimonio manchado de sangre?

Si eso pasara, Josefina se volvería loca.

¿Acaso era eso lo que Benjamín quería ver?

Por supuesto que no.

Él quería que su relación volviera a ser tan amorosa como antes.

No que se arruinara por completo.

Atrapada entre los dos, Josefina podía sentir cómo el ambiente se volvía cada vez más tenso.

Esa situación no le hacía nada bien a la recuperación de Emiliano.

Sin dudarlo, ella se aferró al brazo de Benjamín y le dijo: —Ya casi es hora de entrar al trabajo. Vámonos, vamos juntos.

La expresión de Benjamín se congeló por un instante, bajando la vista hacia la mano de ella.

Ella lo había tocado por iniciativa propia.

¿Cuánto tiempo hacía que no se le acercaba así?

Por un segundo, su corazón latió con fuerza.

Así, se dejó llevar y salió de la habitación del hospital junto con ella, olvidando por completo lo que iba a decirle a Emiliano.

Josefina se recargó en el asiento y cerró los ojos, aunque su cuerpo seguía completamente tenso.

Mostrarse sumisa solo era una táctica para no discutir con él.

No dejaba de pensar ni un segundo en pedirle el divorcio y alejarse de él lo más posible.

El coche no tardó en llegar frente al edificio del Grupo Gutiérrez. Josefina abrió los ojos, bajó del vehículo de inmediato y ni siquiera se dignó a mirar al hombre a su lado.

Benjamín la observó alejarse con una mirada sombría, y su expresión se endureció por completo al ser ignorado de esa manera.

Benjamín se quedó en absoluto silencio.

Josefina llegó a su lugar de trabajo y sacó el celular para llamar al laboratorio y preguntar sobre la prueba de ADN.

La persona del otro lado pareció buscar algo antes de responder: —Una disculpa, señora, hubo un error de nuestra parte y se perdieron los datos. Pero aún tenemos la muestra anterior, así que tendremos que repetirla. Le pedimos que nos tenga paciencia unos tres días hábiles más.

¿Perdieron los datos?

¿Cómo era posible que pasara algo así?

Josefina frunció el ceño y preguntó: —¿No tienen una copia de seguridad?

—No, señora.

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