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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 257

A la mañana siguiente.

Josefina salió de su cuarto con unas tremendas ojeras. Su abuela no pudo evitar soltar una carcajada al verla así.

—Mi niña, ¿qué pasó? ¿No descansaste bien?

Josefina se acercó a abrazarla y soltó un par de quejidos mimados antes de responder:

—Tuve pesadillas toda la noche.

Con Benjamín molestándola a cada rato, ¿qué otra cosa podía ser más que una pesadilla?

La señora Suárez le acarició el cabello con ternura y sugirió:

—¿Por qué no te acuestas otro ratito?

—No quiero —murmuró Josefina con los ojos cerrados—. Ya te vas, tengo que llevarte al aeropuerto.

—Entonces te voy a preparar el desayuno —ofreció su abuela.

Josefina no rechazó la oferta.

Le encantaba la comida de su abuela, así que se dio la vuelta para ir a arreglarse. Cuando salió del baño, ya se había maquillado, ocultando por completo lo demacrada que lucía.

Su abuela estaba recargada en la barra de la cocina con los ojos cerrados, como si estuviera exhausta.

—Abuela, ¿a poco no me veo muy bonita?

Al escucharla, la señora Suárez volteó, la miró y esbozó una gran sonrisa.

—Preciosa, mi niña siempre es la más hermosa.

Josefina sonrió de oreja a oreja y se acercó a abrazarla de nuevo, pegándose a ella como chicle.

Su abuela apartó la mirada por un segundo y le dijo:

—Bueno, ya estuvo, a desayunar.

—Sí.

Cuando la comida estuvo en la mesa, Josefina dio grandes bocados, sintiéndose sumamente satisfecha, pero a la vez con un nudo en la garganta.

No quería para nada que su abuela se fuera.

Su abuela no dejaba de sonreírle con dulzura, contemplándola como si quisiera guardarse esa imagen para siempre.

Antes de cumplir diez años, casi nunca la visitaba porque Jimena y su madre tenían una relación distante.

Tiempo después, cuando Magdalena llegó a vivir con los León, cada vez que ella la inculpaba injustamente y Josefina terminaba destrozada, se escapaba para refugiarse con su abuela.

Lo más irónico era que la primera vez que se había escapado por su cuenta, pasó más de diez días en casa de su abuela antes de que Andrés y Jimena se acordaran de su existencia y empezaran a buscarla con desesperación...

—Espérame, abuela. Voy a ir a visitarte muy pronto.

—Claro que sí, te estaré esperando.

Su abuela sonrió.

—El tiempo se pasa volando, ya verás que nos volveremos a ver en un abrir y cerrar de ojos.

—Sí —asintió ella.

Con un nudo en la garganta y los ojos a punto de derramar lágrimas, Josefina la soltó poco a poco.

La señora Suárez volteó a ver a Benjamín, soltó un ligero suspiro y le dijo:

—Si les es posible, tómense un tiempo separados. Eso les ayudará a tener las cosas más claras y ver lo que realmente sienten. Ya después podrán decidir si quieren seguir juntos. ¿A poco no es mejor que estar en este estira y afloja constante?

La expresión de Benjamín no cambió.

—Sí, tiene toda la razón.

Lo había escuchado, pero no tenía la menor intención de hacerle caso.

La abuela pareció darse cuenta y, justo cuando estaba a punto de añadir algo más, se tambaleó un par de veces.

Y enseguida, ante el grito desesperado de Josefina, ¡cayó desmayada!

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