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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 273

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Benjamín frunció el ceño.

—¿De qué estás hablando?

Magdalena se secó las lágrimas, mostrando una faceta obstinada.

—Tú fuiste quien dijo que me lo pagarías ayudándome con los contactos para abrir la empresa. Entonces, ¿por qué en cuanto Jose les dijo que no lo hicieran, ustedes le hicieron caso? Hasta dejé de aparecer en su vida para evitar malos entendidos. ¿Por qué me siguen tratando así?

Lanzó sus acusaciones y luego volvió a sollozar.

Alberto, aferrado a ella, intentó consolarla.

—Mami, no llores, no llores...

El tono de Benjamín era tajante.

—El Grupo León retirará su dinero, pero yo no. Tu empresa seguirá funcionando. No tienes por qué hacer tanto berrinche.

Magdalena sonrió con amargura.

—Si ya logró convencer a mis papás, ¿cuánto crees que tardará en convencerte a ti? Benjamín, no entiendo por qué se inventa tantas cosas, pero te juro que al único hombre que amo es a tu hermano Diego Gutiérrez. ¡Si alguna vez lo traiciono, que me caiga muerta!

Como si fuera la víctima de toda la situación, reclamaba los supuestos maltratos uno a uno.

Tomó una bocanada de aire y continuó:

—No quiero quedarme a esperar una humillación así. Por eso me llevaré a Alberto; nos iremos lejos de ustedes. ¿Acaso no es suficiente con eso?

Sin darle tiempo a responder, le ordenó a su chofer:

—Arranque. Vamos al aeropuerto.

Pero el conductor no se atrevió a moverse. Principalmente porque el carro de enfrente les bloqueaba el paso, ¿por dónde se suponía que iba a pasar?

De pronto, Benjamín se acercó a paso firme.

Magdalena se puso muy nerviosa.

—Benjamín, ¿qué vas a hacer?

Él abrió directamente la puerta trasera del vehículo y le arrebató a Alberto.

—¡Mami, mami!

Alberto pataleó, estirando los bracitos hacia su madre.

Benjamín lo sostuvo con firmeza. Su voz se volvió helada:

—¡Alberto, deja de llorar!

El niño dio un respingo de terror, mirando con pavor a su tío.

Ya en el hospital.

Teresa tenía a Alberto en brazos. Su rostro denotaba cansancio extremo.

—Benjamín, ¿qué es eso de que ayudaste a Magdalena a abrir una empresa?

El semblante de Benjamín estaba serio; Magdalena le había salvado la vida otra vez. Con voz grave, le explicó a Teresa la situación de la compañía.

Al escucharlo, Teresa dictaminó:

—Jose obró mal. Está actuando de forma muy prepotente. Al fin y al cabo, fue decisión de los padres de la chica. ¿Cómo pudo entrometerse?

A pesar de no simpatizar con Magdalena, Teresa no se hubiera rebajado a discutir por algo tan trivial como abrir una empresa. Le parecía que Josefina estaba siendo demasiado envidiosa.

Benjamín guardó silencio.

Teresa le pasó al niño.

—Voy a hablar con Jose, no tiene por qué andarse metiendo en estos asuntos. —Tras decir esto, se dispuso a irse.

—Mamá. —Benjamín la detuvo, frunciendo el ceño—. No hagas las cosas más difíciles en un momento así.

Teresa no cedió.

—Si no hubiera sido por Magdalena, ustedes dos habrían sido los atropellados. ¿Qué hubiera pasado si a Alberto le pasaba algo? ¡Es el único hijo de tu hermano! Tengo que hablar con Jose para que deje de ensañarse con Magdalena.

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