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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 279

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Valentín no tardó en conseguir todo el historial de Mauro.

Le marcó de inmediato a Benjamín.

—Director Gutiérrez, hay algo muy turbio con este tal Mauro. Estuvo en varias empresas, pero siempre renunciaba antes de los tres meses. Ya investigué y resulta que fue la gente de la señora Helena la que lo presionó para renunciar; luego lo contactaron por debajo del agua. Hace poco le depositaron de golpe tres millones de pesos a su cuenta. Se la ha pasado bebiendo estos últimos días y... esta noche se fue a ver con su esposa.

El rostro de Benjamín se ensombreció de golpe.

—¿Dónde están ahorita?

—En El Comedor de Doña Marta —respondió Valentín.

Benjamín se puso de pie de un salto y caminó directo a la salida.

—Tío, ¿a dónde vas? —preguntó Alberto, que estaba sentado junto a la cama del hospital.

—Tengo un asunto urgente que arreglar. Quédate aquí y pórtate bien —dijo Benjamín con un tono serio.

Pero Alberto lo miró con ojitos llorosos.

—Tío, me da miedo quedarme solo. No te vayas, por favor.

—Afuera están los guardias de seguridad y tu abuela no tarda en regresar. Eres un hombrecito, tienes que ser valiente. Hazme caso —le indicó.

Le acarició la cabeza al niño, se dio la media vuelta y salió a paso rápido.

Alberto se quedó en el borde de la cama.

Volteó a ver a Magdalena, que seguía inconsciente, y se hizo bolita a su lado.

—Mamá...

...

Al brindar, ambos bebieron de sus copas.

De repente, Josefina hizo el gesto de haberse atragantado. Tomó rápido unas servilletas, se tapó la boca y empezó a toser bajando la cabeza.

—Qué pena, no aguanto bien el alcohol —dijo un poco apenada, con la cara algo enrojecida por el ataque de tos.

Mauro negó con la cabeza.

—No te preocupes. De verdad me da gusto que, con todo lo que ha pasado, todavía me quieras echar la mano.

—Fue por mi culpa que te corrieran y pasaras por todo esto. Era lo menos que podía hacer para compensarte —le contestó Josefina.

—Ya veo que no aguantas nada de alcohol. Con una copa y ya andas así.

—Sí, no sé tomar... —murmuró ella.

Su voz se fue haciendo cada vez más débil, hasta que terminó apoyando la cabeza sobre la mesa.

—Estoy muy mareada, voy a descansar tantito...

Mauro se quedó callado. Su mirada se volvió oscura y cargada de veneno mientras la observaba.

—¿Josefina?

Tras esperar unos segundos, la llamó por su nombre.

Al ver que no reaccionaba, soltó el aire retenido. Se levantó, se acercó a ella para ayudarla a incorporarse y la sacó del privado.

El restaurante contaba con algunas habitaciones de descanso. Mauro la llevó hasta una de ellas y la recostó en un sillón.

Viéndola completamente inconsciente, empezó a quitarse la ropa.

—Todo es tu maldita culpa. Si no fuera por ti, ¿crees que habría llegado a este extremo? ¡Yo tenía un futuro brillante y tú lo echaste todo a la basura! —escupió él, lleno de rencor.

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