El Mauro que tenía enfrente no se parecía en nada al hombre seguro y exitoso que había conocido la primera vez; ahora solo era una sombra derrotada.
En sus ojos brilló por un segundo un destello de resentimiento, pero lo ocultó rápidamente.
Josefina guardó silencio un momento antes de sugerir:
—¿Y por qué no buscas trabajo en otro lado?
—Ya pasé por tres empresas distintas —soltó Mauro con amargura—. En todas pasó exactamente lo mismo. Por eso sé que alguien la trae contra mí.
Miró la comida que tenía enfrente, pero en lugar de comer, agarró la botella y se sirvió un vaso de licor.
Tras beberlo de un trago, cerró los ojos y suplicó:
—Josefina, ayúdame a hablar con Benjamín. Le pido perdón si es necesario, hago lo que él me diga, pero que ya me deje en paz. ¡Ya no aguanto vivir así!
Acoso laboral.
Mauro por fin estaba experimentando en carne propia lo que era que te destruyeran profesionalmente.
Él era talentoso, y aunque sus jefes parecían valorar sus habilidades al principio, luego no escatimaban recursos para sabotearlo, quitarle oportunidades y volverlo loco, hasta el punto de dudar de sí mismo...
Josefina frunció el ceño. Sacó su celular y empezó a marcar el número de Benjamín.
—Yo no estaba enterada de nada de esto. Déjame marcarle ahorita para preguntarle.
Mauro apretó su vaso y asintió con voz ronca:
—De acuerdo.
Después de tres tonos, alguien contestó al otro lado.
—Bueno, Jose.
El tono de Benjamín era muy cálido.
Cada vez que ella tomaba la iniciativa de llamarlo, a él le alegraba el día.
Pero Josefina sonaba fría y sus ojos reflejaban una mezcla de emociones.
—¿Tú te le estás yendo encima a Mauro en el trabajo?
—¿Quién? —fue la única respuesta de Benjamín.
Con una sola palabra quedó claro que no había sido él quien mandó sabotear a Mauro.
Era justo lo que Josefina sospechaba: Benjamín ni siquiera se acordaba de su existencia.

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