Cuando Benjamín llegó al restaurante, vio a Josefina sentada sola a la mesa, comiendo con tranquilidad.
Su expresión sombría y tensa se relajó de inmediato. Se acercó a ella y le preguntó:
—¿No habías quedado con alguien?
—¿Cómo te enteraste? —preguntó Josefina, mirándolo de reojo.
Benjamín sacó la silla a su lado y se sentó.
—Ese tal Mauro esconde algo —dijo—. Pedí que checaran sus antecedentes, y últimamente se ha estado codeando con la gente de la familia Gutiérrez.
Josefina se tomó su sopa con mucha calma. Cuando terminó de comer, dejó el tenedor en la mesa y lo miró con total tranquilidad.
—Tu abuela mandó a Patricia para que se pusiera de acuerdo con Mauro. Querían drogarme para abusar de mí y arruinar mi reputación —explicó con una calma absoluta—. Benjamín, ¿qué piensas hacer al respecto?
Al escuchar esto, el rostro de Benjamín se descompuso al instante. La miró de arriba abajo y preguntó:
—¿Cómo te sientes?
—No caí en su trampa —respondió Josefina sin inmutarse.
La mirada de Benjamín se tornó sombría y amenazante, y su tono de voz se volvió mucho más frío.
—Me encargaré de que te den una explicación.
—Creo que ya entiendo qué es lo que busca tu abuela —continuó Josefina—. Ella quiere que nos divorciemos. Benjamín, si no nos separamos, va a seguir buscando la forma de atacarme. ¿Acaso puedes estar a mi lado protegiéndome las veinticuatro horas del día?
Terminado de hablar, esbozó una ligera sonrisa y añadió:
—Proteger a dos mujeres al mismo tiempo debe ser muy cansado, ¿no?
La expresión de Benjamín se volvió aún más pesada.
—Jose, no voy a permitir que te vuelva a hacer daño.
—El corazón de las personas es algo aterrador —dijo Josefina en voz muy baja—. Si de verdad quieres lo mejor para mí, entonces dame el divorcio. Nos separamos y así la familia Gutiérrez dejará de estar tras mis pasos.
Benjamín apretó los labios hasta formar una línea recta. Le tomó la mano directamente y, con la voz un tanto rasposa, dijo:
—Jose...
—¡Pum!

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