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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 419

—Entrégame a tu esposa.

En cuanto esas palabras salieron de su boca, el aire dentro de la sala VIP se congeló, volviéndose tan frío que calaba los huesos.

El semblante de Benjamín se volvió sombrío, y sus oscuros ojos se clavaron en él sin la menor emoción. —Federico, más te vale que sepas muy bien lo que estás pidiendo.

Pero Federico simplemente ensanchó su sonrisa retorcida. —Claro que lo sé. Dámela a mí. Si ella es mi mujer, ninguno de esos bastardos tendrá las agallas para tocarla. ¿Quién estaría tan enfermo como para buscarse un problema con Filo de Ala?

La expresión de Benjamín se tornó aún más letal. —Veo que ya no quieres que tu organización siga existiendo.

Federico lo miró con fingida sorpresa, abriendo mucho los ojos. —¿De verdad quieres iniciar una guerra conmigo por esto? ¿Qué tal si hacemos una apuesta? El que quede en pie, se la queda.

La idea pareció excitarlo de sobremanera. Incluso se puso de pie de un salto, temblando de anticipación.

Enfermo. Totalmente desquiciado.

Josefina lo observó, sintiendo que no había forma de razonar con un ser así. Con voz dura, sentenció: —No soy un botín de guerra de nadie. No les pertenezco a ninguno de los dos.

—¡Wow!

Federico dejó salir una exclamación maravillada. —¡Tienes tanto carácter! ¡Definitivamente me gustas más!

Si su madre hubiera sido igual de feroz y determinada en aquel entonces... qué distinto habría sido todo.

¿Acaso no se habría salvado de terminar como un amasijo irreconocible de carne en el pavimento?

A Federico se le humedecieron los ojos, pero la locura en su mirada no hizo más que arder con mayor intensidad. —Señora Gutiérrez, mándelo al diablo y quédese conmigo. Le juro por mi vida que la protegeré de todo. Afuera, nadie en todo el mundo se atreve a mirarme mal.

—Eso asumiendo que tengas la suerte de salir vivo de este país —soltó Benjamín con un tono escalofriante. De inmediato, sacó un arma y le apuntó directo a la frente.

Federico inclinó la cabeza hacia un lado, ignorando por completo la pistola. Sus ojos solo veían a Josefina. —Señora Gutiérrez, elíjame a mí. Ya que le ofende ser tratada como un premio, le entrego el derecho de elegir. ¿Qué opina?

—¡Estás enfermo de la cabeza!

Josefina quería estar lo más lejos posible de aquel demente.

Capítulo 419 1

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