Josefina dormía profundamente cuando sintió que alguien la empujaba.
Abrió los ojos adormilada y vio la silueta de alguien de pie junto a su cama. La luz de la lámpara de pared era muy tenue y los contornos del hombre estaban en la penumbra, pero aún así reconoció al instante a Benjamín.
Frunció el ceño y preguntó con voz ahogada: —¡¿Qué estás haciendo?!
Estiró el brazo para tomar su celular y vio la hora: ¡las tres de la madrugada!
¿Estaba loco o qué le pasaba?
¿A quién se le ocurría no dormir y quedarse ahí parado asustando a la gente a esa hora de la noche?
—Me duele la herida.
La voz del hombre era baja y ronca. Se sentó directamente en el borde de su cama y añadió: —Cúrame, ponme la medicina.
Josefina se sentó en la cama y se apartó un mechón de cabello. —¿No habías dicho que no la necesitabas?
—Ahora sí.
Benjamín le entregó el botiquín de primeros auxilios y, sin decir más, se quitó la chamarra.
En ese momento, Josefina notó que él llevaba una camiseta negra ajustada.
Cuando él se quitó la camiseta, el vendaje blanco debajo estaba manchado de sangre y el inconfundible olor metálico flotó a su alrededor.
Josefina se quedó helada por un segundo y luego preguntó: —¿Saliste en la madrugada y te abriste la herida otra vez tú solo?
Benjamín la observó con esos ojos oscuros y penetrantes, pero guardó absoluto silencio.
Josefina apretó los labios, se acercó a él y comenzó a retirar con cuidado el vendaje ensangrentado de su cuerpo.
Algunas heridas superficiales ya habían formado costra y parecían estar cicatrizando bien.
Pero un par de cortes profundos seguían sangrando y el ligero olor a sangre impregnaba el aire.
Josefina limpió la zona, desinfectó la piel, aplicó el medicamento...
Durante todo el proceso, no pronunció ni una sola palabra.
Hasta que terminó de colocarle un vendaje limpio, asegurando las cintas al final. Cuando hizo amago de bajar de la cama para ir a lavarse las manos al baño, todo cambió.
En un abrir y cerrar de ojos, él la agarró y la rodeó con sus brazos.
El cuerpo de Josefina se tensó al instante. —Suéltame.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
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