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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 457

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Miró a Andrés y sollozó:

—Papá...

Un torbellino de emociones la asaltó. Antes sentía resentimiento hacia Andrés y Jimena, culpándolos de destruir la familia feliz que alguna vez tuvo.

Por eso, durante años, se había dedicado a sembrar cizaña, haciendo que ellos y sus hijas se odiaran mutuamente.

Y había triunfado.

Su siguiente paso era destruir el matrimonio de Andrés y Jimena.

Pero ahora, al enterarse de lo que habían hecho por ella, empezó a dudar.

Ya había perdido a sus padres biológicos. ¿Acaso iba a destruir a Andrés y a Jimena, quienes la trataban con tanta devoción?

Magdalena se sumió en un profundo dilema.

Andrés le acarició la mano para tranquilizarla y le dijo con voz suave:

—Magda, no te pasará nada, no te preocupes.

Josefina observó la escena, clavando la vista en el rostro de Magdalena. Tardó un segundo en descifrar lo que pasaba por la mente de la joven.

De inmediato, soltó una carcajada sarcástica y la miró con burla.

—¿Qué pasa? ¿Ahora quieres vivir feliz para siempre y dejar atrás tus truquitos sucios y tu gran venganza?

La mirada de Magdalena vaciló y se apresuró a negarlo:

—¿De qué estás hablando?

Andrés frunció el ceño.

—¿Qué venganza?

—No gastaré saliva —respondió Josefina—. De todos modos, no me creerías. Menos mal que grabé todo. En un momento se los pondré a ti y a Jimena para que escuchen.

Al oír eso, Magdalena abrió los ojos, aterrada. ¡Nunca imaginó que, en medio de todo ese caos, Josefina hubiera tenido la astucia de grabar!

—¡No!

Empezó a negar frenéticamente con la cabeza, con los labios temblorosos sin poder articular palabra.

Miró a Josefina con súplica, rogándole con los ojos que no reprodujera ese audio.

¡Ya no tenía a sus padres! ¡No podía permitirse perder también a sus padres adoptivos!

Magdalena no dejaba de negar. ¡En ese momento, deseaba estar muerta!

Si moría, aunque sus padres adoptivos descubrieran la verdad, no le guardarían rencor.

Al fin y al cabo, ¿quién le guarda rencor a un muerto?

Pero Andrés solo miraba a Josefina. La había visto crecer. De niña era adorable, su pequeña princesa mimada; pero con los años se volvió caprichosa y ahora... le parecía una perfecta desconocida.

Resignado, le entregó el antídoto.

Josefina sonrió de lado y dijo:

—Bien. Ahora me toca a mí darles un regalo. Jimena ha estado preguntando por ella, ¿por qué no la llevan arriba de una vez?

—No, no quiero...

Magdalena intentó resistirse, pero el supuesto veneno la había dejado sin fuerzas. Los guardaespaldas la levantaron en vilo y la llevaron hacia el hospital.

A medida que se acercaban a la habitación, Magdalena veía su futuro desmoronarse.

Andrés y Jimena descubrirían su verdadera cara, la odiarían y la echarían a la calle...

¡Si eso pasaba, se quedaría verdaderamente en la calle, sin nada!

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