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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 458

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—¡No, no, no quiero entrar...!

Magdalena forcejeaba con la poca fuerza que le quedaba en el cuerpo.

Andrés frunció el ceño al verla así.

—Magda, ¿qué te pasa?

Las lágrimas de Magdalena no paraban de caer; lloraba desconsoladamente.

—Papá, quiero irme a casa, quiero ver a mi hijo. Quiero ir con Alberto.

—Pero tu mamá está muy preocupada por ti —le dijo Andrés—. Se enfermó de los nervios de tanto pensar en ti.

A Magdalena le temblaban los labios, incapaz de decir palabra; solo movía la cabeza en negación.

Anaís notó que algo andaba mal y se apresuró a intervenir:

—Magda está muy débil. Dejen que vaya a casa a descansar unos días. Cuando se recupere, podrá venir a ver a Jimena, es lo mismo.

—¿Acaso se olvidaron de que sigo aquí? —comentó Josefina con una voz siniestramente calmada—.

—Si se va o se queda, creo que es decisión mía.

El arrugado rostro de Anaís reflejaba asco y actitud defensiva.

—Ya tienes tu antídoto, ¿por qué nos sigues? ¡Tú ya no eres hija de la familia León, los asuntos de esta familia no te incumben!

Al escuchar esto, Magdalena se quedó congelada.

¿Qué?

¿Josefina no era hija de la familia León?

¿Cómo era posible?

¿Qué locura había pasado durante el tiempo que estuvo ausente?

Josefina esbozó una ligera sonrisa.

—Aunque no lleve la sangre de la familia León, al menos me criaron todos estos años. Por supuesto que tengo que ser agradecida. Y como Jimena la extraña tanto, seré el hada madrina que le cumpla el deseo.

Magdalena enloqueció, forcejeó y se arrojó hacia ella, pero los guardaespaldas la derribaron y la inmovilizaron contra el suelo. Su rostro era una máscara de pánico e impotencia.

—¡Magda, levántate! ¿Qué está pasando? —Jimena no entendía absolutamente nada e intentó acercarse para ayudarla.

Andrés, con semblante sombrío, fulminó a Josefina.

—¿Qué nuevo circo estás armando?

Josefina rió suavemente.

—Se van a enterar enseguida.

Y en cuanto terminó de hablar, la voz de Magdalena, histérica y desgarradora, resonó desde el altavoz del celular.

— [¡Tenía mis razones! ¡Solo quería vengarme!]

— [¡Sí, quería venganza! Yo también tenía una familia feliz, y fueron Andrés y su esposa, ¡ellos mataron a mis padres! Me dejaron huérfana. ¿Acaso no tenía derecho a vengarme?]

— [Mataron a mis padres y luego, con su asquerosa hipocresía, dijeron que me iban a adoptar y a cuidarme toda la vida. ¡Pero yo ya tenía unos padres que me amaban! ¡Fue su culpa! Entonces, ¿por qué demonios iba a dejarlos vivir en paz? ¡No se lo merecían!]

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