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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 509

Almudena se paró frente a Magdalena Salinas, guiándola hábilmente y sugestionando su subconsciente hasta lograr hipnotizarla y hacer que se sentara en el sofá.

Benjamín y Cristóbal observaban la escena en silencio.

A Cristóbal le pareció fascinante. ¿Acaso no se necesitaba un entorno controlado y específico para realizar una hipnosis?

¡Esto era completamente una locura!

Si su hermana se aprovechaba de un descuido y lo hipnotizaba para obligarlo a decir la contraseña de sus tarjetas bancarias o para hacerle firmar un contrato cediéndole todos sus bienes, ¡él estaría arruinado!

¿Cómo se suponía que debía protegerse de algo así?

Magdalena Salinas ya estaba profundamente hipnotizada. Sus ojos estaban vacíos y respondía de forma automática a todo lo que Almudena le preguntaba.

Rápidamente, Magdalena confesó la verdad sobre el veneno.

—Me lo dio la señora Anaís. No tengo idea de cómo se prepara.

Su tono era lento y su voz sonaba muy baja.

Benjamín frunció su apuesto ceño y cruzó una mirada con Almudena.

Almudena continuó con el interrogatorio: —¿Y de dónde sacó tu abuela ese veneno?

—No lo sé. Nunca me lo quiso decir.

Magdalena repitió varias veces que no sabía nada. Después de interrogarla desde distintos ángulos y obtener la misma respuesta, quedó claro que realmente no tenía esa información.

Almudena volvió a chasquear los dedos y Magdalena cerró los ojos, cayendo en un sueño profundo.

—No recordará absolutamente nada de esta hipnosis, no se preocupen —aseguró la mujer.

Benjamín asintió y comenzó a caminar hacia la salida.

Mientras los tres salían de la mansión, Almudena fue directo al grano: —Asegúrate de depositar mi pago en mi cuenta.

Cristóbal: —...

Se sintió menospreciado e indignado, pero el coraje le duró solo un segundo. Ante la tiranía de su hermana mayor, la rebelión no era una opción.

Almudena abrió la puerta del auto y subió. —Seguiremos con esto mañana por la noche. Ahora estoy exhausta.

Luego, miró a Cristóbal. —Anda, chofer, arranca el auto. Y de paso, ve contándome los chismes, que me encantan.

Cristóbal: —...

Mientras ellos se alejaban en el auto, Benjamín hizo una llamada para ordenar que vigilaran de cerca a Anaís. Necesitaban descubrir de dónde provenía el veneno a como diera lugar.

Regresó a Residencial Valle Niebla. La mansión estaba a oscuras tanto por dentro como por fuera. Subió directamente al segundo piso y se detuvo frente a la puerta de la habitación de Josefina.

Sin embargo, no llegó a abrirla. Dudó unos segundos y, finalmente, bajó las escaleras en dirección al área de servicio donde descansaban los empleados.

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