Entrar Via

La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 72

Emiliano volteó entonces para tomar junto a Benjamín.

Al lado de Benjamín estaba sentado Cristóbal, y junto a este, una mujer muy atractiva.

De la nada, la guapa mujer se tambaleó hacia Cristóbal, quien del puro susto se hizo a un lado y terminó empujando a Benjamín.

Benjamín todavía ni le daba un trago a su bebida cuando todo el líquido le cayó directo en el pecho.

—¡No manches, Benjamín, perdón! ¡Fue sin querer! —se disculpó Cristóbal a toda prisa, antes de volverse hacia la chica—. ¿Y tú qué traes? ¿Todavía ni empiezas a tomar y ya andas cayéndote de borracha?

—Oye, Cristóbal, ¿me pasas tu WhatsApp? —le preguntó ella mirándolo con las mejillas sonrojadas.

Cristóbal se quedó en silencio ante su descaro.

Mientras tanto, a Benjamín se le había empapado toda la camisa y se veía algo desaliñado.

—En el baño hay una secadora. Deberías darle una pasada, traer la ropa húmeda es bien molesto —comentó alguien a un lado.

Benjamín frunció el ceño. En efecto, se sentía sumamente incómodo, así que se encaminó hacia los baños.

Casualmente, Magdalena venía saliendo y, al verle la camisa empapada, dio media vuelta y lo siguió de regreso.

—¿Cómo te pasó esto? —preguntó ella, sacando unos pañuelos de papel para intentar secarlo.

—Cuñada, no te preocupes, yo puedo solo —le dijo Benjamín, deteniéndola por la muñeca.

La mano de Magdalena se quedó a mitad del aire. Levantó la vista para mirar su rostro apuesto pero distante, apretó los pañuelos en su puño y murmuró: —Perdón.

—¿De qué hablas? —preguntó Benjamín, levantando la mirada, visiblemente confundido.

—De lo que pasó la otra vez... —Magdalena se mordió el labio y confesó—. No debí sacar conclusiones apresuradas ni dudar de Jose. Todo fue culpa mía. Me gustaría pedirle perdón de frente, pero no quiere ni verme. Benjamín, ¿no se te ocurre alguna forma de ayudarme?

—Si ya sabes cómo están las cosas, entonces mejor ni te le acerques —respondió Benjamín con total frialdad.

—Pero a fin de cuentas, crecimos juntas —insistió Magdalena—. No podemos seguir peleadas toda la vida. Te ponemos en una situación muy incómoda, y ni se diga a mis papás. Llevamos años sin sentarnos todos juntos a cenar en familia. Mis papás la extrañan mucho.

—Ayúdame, Benjamín, te lo ruego —le suplicó—. Deja que nos veamos, solo quiero platicar con ella y aclarar este malentendido. Ojalá podamos volver a estar unidos como familia.

Agarrada del marco de la puerta, se negaba a irse y soltó con dramatismo: —Ya me voy, Jose. Te vas a quedar solita en este enorme lugar, más te vale no llorar por mí.

—¡No, por favor, no me dejes! ¡Te voy a extrañar demasiado! —Josefina le siguió el juego con una mueca de desesperación exagerada.

La primera en hartarse fue Silvia, quien torció la boca, hizo un gesto de desagrado y dio media vuelta para irse.

Josefina se rio resignada y luego cerró la puerta.

Sin embargo, poco después, volvieron a tocar. Pensando que a Silvia se le había olvidado algo, se acercó a la entrada.

—¿Acaso se te olvidó algo? —preguntó mientras abría la puerta. Pero la persona que estaba afuera no era Silvia.

Era Benjamín.

La sonrisa en su rostro desapareció en un instante, e hizo el ademán de cerrarle la puerta en la cara.

No obstante, Benjamín empujó la puerta con fuerza y entró. Sin dudarlo, la sujetó por la cintura y la acorraló directamente contra el mueble de la entrada.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte