Melanie abrió los ojos como platos. No podía creer que Rosa fuera tan directa, que no solo ignorara sus consejos, sino que, sin siquiera un saludo, le pidiera dinero a su padre justo cuando estaba furioso.
¡¿De verdad no le tenía miedo?!
Álvaro se quedó en silencio unos segundos al otro lado de la línea. Luego, estalló.
—¡Tu hermano está en el hospital! ¡¿No tienes corazón?! ¡Descarada! ¡Ni siquiera preguntas por él y tienes la cara de pedirme dinero!
—¿Y entonces debo morirme de hambre en la escuela?
—¡Tú solo tienes hambre! ¡Unas cuantas comidas sin hacer no te matarán! ¡A Félix se le rompió la mano!
—A él solo se le rompió la mano, unos días así no lo matarán.
—¡¿Cómo puedes decir eso?!
—¿Me vas a dar dinero o no? Si no, mándame de vuelta a la sierra y no me hagas perder el tiempo.
Álvaro la insultó un poco más antes de sentenciar:
—¡Ahora mismo te vienes al hospital a cuidar a tu hermano!
Rosa entrecerró los ojos.
—No voy a ir. Cumple con tu deber de tutor y dame la manutención.
—¡Me arrepiento de haberte tenido como hija!
—Ah, pues. Entonces mándame lejos. Rápido, me muero de ganas.
Repitió las palabras "mándame lejos", se metió un trozo de carne a la boca y esperó la reacción de Álvaro.
Melanie, a su lado, estaba petrificada. ¡La mirada que le dirigió a Rosa era de puro shock!
¡¿Se atrevía a discutir con el señor?!
¡Dios santo!
Álvaro se quedó en silencio un buen rato. Esta vez no la insultó. De repente, su tono se suavizó.
—Rosi, tu hermano está herido, y yo estaba alterado. Perdón si te hablé un poco fuerte. Por fin estás en casa, ¿cómo te vas a ir? ¡Eres mi hija!
Rosa entrecerró los ojos, tragó la carne y tamborileó los dedos sobre la vajilla.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Nueva Reina del Instituto Águila Real